Holandés de nacimiento pero radicado en Latinoamérica desde hace dos décadas, Raphael Hoetmer ha recorrido los ríos amazónicos junto a defensores indígenas y campesinos para colaborar en sus luchas por el territorio y la conservación, pero cada vez que regresa a la Amazonía en Perú, Colombia o Ecuador las dragas copan sus pensamientos. ¿Cómo puede estar sucediendo? A Hoetmer le parece una locura. Siente impotencia, reconoce, pero es la realidad.
Por: Emilia Delfino – Mongabay
Cada vez que regresa a los mismos sitios, a los mismos ríos, las dragas se han multiplicado. Viaje tras viaje, como cuando ingresa a la Reserva Natural Tambopata, en Perú, y ve las dragas extrayendo oro del río en plena Amazonía, a la vista de todos, en el límite de la reserva o incluso dentro de ella. Es ilegal, está a la vista de las autoridades y fuerzas de seguridad pero se expande como una mancha venenosa. Detrás, hay mucho más que grupos armados ilegales, afirma. Hay un mercado global de oro, hay Estados, hay una clase política y hay mineras constituidas como empresas legales.
Hoetmer es el director del Programa Amazonía Occidental de Amazon Watch, una organización internacional que busca proteger la selva y sus habitantes. Es investigador y educador, especializado en ecología política, derechos indígenas y metodologías participativas e interculturales. Vive en Perú pero su trabajo también abarca las problemáticas de la Amazonía de Ecuador y Colombia.
-¿Cuál es el cuadro de situación de la minería ilegal en la Amazonía occidental?
-Tanto las visitas a los territorios como los estudios indican un momento extremadamente crítico. Hay una suerte de explosión de la minería ilegal, debido, por un lado, a los altos precios del oro. En los últimos años, el nivel de empobrecimiento y de devastación de los territorios, el hecho de que los grupos criminales tienen estrategias mucho más estructuradas que hace diez años y la llegada de la pandemia, todos esos factores combinados han llevado en los últimos cinco años a una expansión dramática en muchas zonas donde antes no había minería ilegal. Entonces, obviamente tenemos zonas históricas de explotación de la minería, de la explotación del oro, como en Madre de Dios, Perú. En el caso de Perú, esto está ya apareciendo a lo largo de toda la Amazonía y creo que cosas similares están pasando en otros países. Uno ve, no solamente una expansión de la actividad, sino también una profundización del control político y territorial. Y uno ve también, diría yo, una penetración cada vez más fuerte del tejido social local, inclusive de las comunidades indígenas. Es un escenario devastador. Las economías criminales, y particularmente la minería ilegal, están penetrando territorios que hasta la fecha habían mantenido cierta capacidad de conservarse frente al extractivismo de la gran minería y el petróleo. Amplifica el extractivismo hasta las partes más biodiversas y de mayor organización y autodeterminación indígena de la Amazonía, como sucede en los territorios Wampis y Awajún, en Perú, o de los Shuar y en el Napo, en Ecuador.
-Recién mencionaba el aumento estrepitoso del precio del oro en el mercado internacional, ¿el impacto de este fenómeno ha sido grave en la Amazonía y sus habitantes?
-Sin lugar a dudas. Eso, por un lado, ha generado que la actividad del oro se haya vuelto mucho más interesante de lo que ya era para los grupos del crimen organizado, como actividad de lavado, por ejemplo, pero también como oportunidad de inversión en Perú. Los informes estiman que la minería ilegal es una actividad más rentable que el narcotráfico actualmente. Entonces uno ve una convergencia de distintos tipos de actividades económicas, los excedentes que genera el oro y a la vez el oro como medida o medio de lavado. Eso hace que el oro se haya vuelto una actividad muy central en las redes y en los procesos del crimen organizado.
-¿Cómo se conecta el lavado de dinero con la minería ilegal y los grupos criminales?
-El asunto es que muchos de los ingresos del narcotráfico actualmente pueden ser lavados a través de la inversión de estos grupos en minería o en la comercialización del oro.
-¿La minería ilegal en la Amazonía es únicamente realizada por grupos del crimen organizado? ¿Quiénes son los diferentes grupos que practican esta actividad ilegal?
-Hay un riesgo de hablar de esto como un fenómeno aislado, cuando en realidad hay una heterogeneidad entre países y dentro de cada país. La minería del oro se sostiene en redes complejas y hay mineros que pueden ser comuneros que han bajado desde los Andes por temporadas para hacer la actividad, como lo han hecho desde hace mucho tiempo. Hay operadores mineros más asentados en el territorio, que es un siguiente nivel. Luego hay un nivel que tiene que ver obviamente con los insumos, con la comercialización. Pero lo que sí creo que vemos es que de alguna manera es el control o la conexión de las actividades de minería en el territorio con los grupos de violencia organizados, el crimen organizado es cada vez más fuerte con respecto a diez años atrás, cuando había mucha más actividad de estos grupos de mineros.
-¿Cómo fue ese proceso?
-Son procesos violentos. En el Parque Natural de Podocarpus, en Ecuador, hubo enfrentamientos entre grupos de mineros que se resisten a estar bajo control de Los Lobos. No son procesos automáticos. En el sur de Perú es muy distinto la realidad con respecto a la frontera norte, con los Awajún o los Wampis, pero en general vemos una tendencia: hay más armas, hay más violencia, hay más control y más involucramiento de los grupos del crimen organizado, como los Comandos de Frontera, el PSC, el Comité Vermelho, Los Lobos u otros grupos, como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en el caso de de Venezuela. Esto también hace que las dinámicas más comunitarias de explotación minera estén cada vez más condicionadas, controladas y tomadas por estos actores.
-¿Cómo es su trabajo en estos territorios?
-Nuestra forma de trabajo combina procesos de incidencia internacional y de campaña internacional y de investigación con apoyo solidario a los grupos en el terreno, eso hace que nosotros no tengamos un trabajo territorial todo el tiempo, como lo pueden tener algunas ONG nacionales o locales. Por eso, nosotros no corremos riesgos demasiado grandes, pero la gente con quienes trabajamos nos piden cada vez más apoyos por temas de seguridad y protección. Vemos que hay cada vez más dirigentes que no pueden quedarse en el territorio y que, por lo tanto, necesitan apoyos en este sentido. La preocupación principal está en el nivel de violencia, de amenaza, de condicionamiento. Vemos que las organizaciones indígenas son absolutamente fundamentales para contener la expansión de la minería ilegal. Pero a la vez esta labor es cada vez más peligrosa. Sigue siendo una labor insuficientemente apoyada desde las instituciones estatales. Y tenemos dirigentes asesinados en distintas partes de la Amazonía. Tenemos un fenómeno creciente de desplazamiento forzado de dirigentes específicos que son críticos de la minería ilegal o del narcotráfico.
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