El vino no solo ha sido una bebida, sino un protagonista en la historia de la humanidad, dejando anécdotas y curiosidades que sorprenden. Desde rituales antiguos hasta intrigas imperiales, aquí te contamos algunas historias fascinantes sobre esta bebida milenaria.
En el Antiguo Egipto, el vino era tan valioso que los faraones eran enterrados con ánforas llenas de esta bebida, grabadas con detalles sobre su origen, añada y productor, un precursor de las etiquetas modernas. La tumba de Tutankamón, descubierta en 1922, contenía vasijas con vino que revelaron que los egipcios ya producían tanto tintos como blancos en los viñedos del Nilo. Además, la diosa Hathor, asociada al vino y la alegría, aparecía tallada en estas ánforas, subrayando el carácter divino de la bebida en sus rituales.
En la Antigua Roma, el vino era tan esencial que la región sur de Italia fue llamada «Oenotria» (tierra de la uva). Los romanos celebraban la vendimia con fiestas donde el mulsum, una mezcla de mosto y miel, abría los banquetes. Sin embargo, no todo era celebración: el emperador Tiberio fue apodado «Biberio» por su excesiva afición al vino, un juego de palabras que lo señalaba como borracho, según relata el historiador Suetonio. Los romanos también innovaron con prensas de tornillo para extraer el jugo de las uvas, una tecnología que marcó un hito en la producción vinícola.
Una curiosidad más reciente involucra a Napoleón Bonaparte, cuyo amor por el vino Gevrey Chambertin, un Pinot Noir de Borgoña, era tan grande que lo llevaba a sus campañas militares. Durante su exilio en Santa Elena, se especula que pudo haber sido envenenado con arsénico a través de botellas de vino, aunque otras fuentes sugieren que prefería el Tokaji húngaro en esa etapa. Esta intriga sigue sin resolverse, añadiendo un toque de misterio a la historia del vino.
Desde las ánforas egipcias hasta los viñedos submarinos modernos, el vino sigue tejiendo historias que cruzan épocas y culturas, demostrando que es mucho más que una bebida.


