Los venezolanos quieren vivir en justicia y libertad. Así han dejado planteado los obispos al cierre de su 124.ª asamblea plenaria.
La libertad de expresión “como derecho humano fundamental debe ser respetado, acogido y correspondido”, por ello, “las instituciones del Estado deben garantizarlo”.
Aunque sin mencionar a Nicolás Maduro fue un mensaje directo frente a las detenciones arbitrarias ejecutadas por organismos del Estado tras las elecciones del 28 de julio de 2024.
Es el caso de Merlys Oropeza, condenada a 10 años de prisión por expresar su descontento por el resultado electoral del 28J en un estado de Whatsapp. Sumado a los más de 2000 presos políticos.
En su condición de pastores urgen a las autoridades gubernamentales a reconocer y respetar todos los derechos fundamentales consagrados en la Constitución de la República.
Participación de todos
Los prelados hicieron otro pedido: “deponer toda actitud de soberbia y prepotente”. Nadie es dueño absoluto de la verdad.
Esto en alusión al partido socialista de Gobierno, que a fuerza de negación [de la realidad], manipulación y fuerza pretende imponer un único modelo de desarrollo sin el concierto de las mayorías.
Por tanto, han propuesto hacer “un diagnóstico exhaustivo” de los males que “nos aquejan, porque ya todos conocemos nuestros problemas, sobre todo en el ámbito político y socioeconómico”.
“Es necesario insistir en que con la participación de todos podremos encontrar nuevas soluciones”, apuntaron.
Voluntad de cambio
También han pedido a todos los sectores del quehacer nacional “a crear las condiciones necesarias para desarrollar un diálogo que tenga como objetivo generar un verdadero pacto social”.
Esta negociación debe ir más allá de “los meros acuerdos políticos” que se centran en cuotas de poder, sino pensar en el bien común de todos los venezolanos sin importar su afiliación partidista.
Los venezolanos – afirmaron los obispos – están llamados a ser constructores de paz, creyentes o no, todos deben apostar a la esperanza.
Eso sí, debe haber voluntad: “no nos demoremos, no nos dejemos llevar por la rutina, no nos detengamos en la mediocridad y en la pereza”.
Es hora de indignarse “ante las cosas que no están bien”, por lo que se requiere tener “la valentía de cambiarlas”.
Los obispos apuestan por el cambio pacífico para “soñar en un futuro en el que no haya vencedores ni vencidos”.