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La férrea voluntad de cambio, por Víctor A. Bolívar

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“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”. (Nelson Mandela)

Se advierte por evidente que el país no ha pasado la página a despecho del empeño oficialista en plasmar un relato que no se corresponde con lo que realmente ocurrió el 28J. Menos lo hará por los terribles sucesos acontecidos desde entonces. Las encuestas serias así lo reflejan. Sofocar o reprimir la reivindicación de aquel logro democrático solo seguirá contribuyendo a solidificar la férrea voluntad de cambio que se consolida más cada día en un ambiente signado por la ambición de poder y la alarma de quienes gobiernan. Pese al bloqueo sistemático a las salidas institucionales, está vivo “el anhelo de que los venezolanos sean dueños de su destino”, como bien lo señala el editorial del 7 de julio de nuestra casa, «El debate”. Conceptualmente, a la voluntad se la tiene como la capacidad para tomar decisiones sobre nuestras identidades y nuestro futuro, de definir por nosotros mismos quiénes somos y quiénes deseamos ser sin el control de personas o fuerzas externas.

Proyectándola en su forma colectiva, precisamos que esa voluntad adquiere en nuestro ámbito político connotaciones pétreas. Ya es una voluntad expresada en votos, cuantificada y generadora de una legitimidad incuestionable e imprescriptible, de momento subyacente, pero dispuesta. Se hará sentir con toda su fuerza, demostrando que es la vital expresión de una conciencia colectiva. Históricamente, es la misma voluntad que se manifestó el 19 de Abril y materializó la independencia el 5 de Julio en nuestra gesta emancipadora. Es tal como la perfilada por aquella “Generación del 28” que materializó con los votos la primera elección democrática en el país; o como la que protagonizó los sucesos del 23 de enero de 1958, que instituyó el civilismo y sacralizó un acuerdo de gobernabilidad que dio paso a los cuarenta años de gobiernos democráticos.
Por su déficit de perfectibilidad, fue satanizado el más largo periodo democrático que hoy valoramos para bien en su verdadera dimensión.

De esa forma, la voluntad popular fue cautivada por el populismo y el revanchismo al manifestarse en 1998, pero su esencia democrática fue luego burlada y contrariada por muchos años de ideologización castromunista e incapacidad hasta el 28J del año pasado, cuando se expresó con una gran contundencia que llevó al régimen a desnudarse tal cual es ante el mundo, en una suerte de harakiri político que le niega todo futuro. Igual de desnudas y sin futuro quedaron las “oposiciones” normalizadoras y alabarderas del oficialismo.

La vocación democrática de los venezolanos le es inmanente por naturaleza, está allí, latente y expectante. Se la percibe en la firme voluntad de cambio que espera una nueva oportunidad para expresarse y labrarse un mejor destino. Para el régimen ha de ser frustrante no conseguir el propósito de su cooptación, vulneración o disminución. Tan determinante es esa voluntad de cambio de los venezolanos que si se realizaran elecciones libres este 27J, los resultados serían -por mucho- más aclamadores

Por Víctor A. Bolívar
JULIO 16, 2025
X:@vabolívar

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