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“El que piña da, piña recibe”: Cuento de un venezolano, inspirado en el 28 de Julio, es premiado en España por su “riqueza temática”

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El impacto emocional y reflexivo del cuento «El que piña da, piña recibe», del venezolano Ernesto Rodríguez Morales, fue reconocido en el Concurso Internacional de Cuento «Maldad», como uno de los finalistas.

NTN24

En el reino de Frutalia todo el mundo tenía que llevar una incómoda piña bajo el brazo, como castigo por cantar una canción que incomodaba al Rey Bigote…

Organizado por Ediciones Luminaria, el sello del Grupo Etérea S.A.S., está orientado a publicar obras que interrogan las estructuras del poder, la memoria y los procesos de transformación colectiva.

El venezolano destacó entre los 521 postulantes de textos que se presentaron a la convocatoria.

Lo resaltan como una lectura atenta y comparativa, dada la riqueza temática y formal de las propuestas.

«La fábula construye una sátira política ingeniosa y sostenida, donde la represión es tan absurda como eficaz. La imagen de las piñas —repetida hasta el exceso— logra funcionar como símbolo de lo ridículo autoritario. El canto final no solo resuelve: repara desde la risa», fue el comentario del jurado.

El cuento será publicado entre agosto y septiembre de 2025, tras el proceso de edición, corrección y diseño.o

FRAGMENTO

En el reino de Frutalia, todo el mundo tenía que llevar una incómoda piña bajo el brazo. ¿Por qué? Porque al Rey Bigote le molestaba una canción que lo criticaba.

—¡Todo el que cante o tararee la canción deberá llevar una piña bajo el brazo! – decreto el rey.

La guardia real atrapó a mil personas más, ya eran dos mil habitantes con una piña bajo el brazo, y una picazón tremenda.

¡Tres mil personas picadas y cansadas!

Hasta que un día, de tanto perseguir a los musicales habitantes, el Rey, enloquecido, gritó:

—¡Ahora todos deberán llevar una piña bajo el brazo!

Pronto, hasta los abuelos, las niñas, las mascotas, todos fueron castigados con la piña. Y la piquiña era enorme.

Pero el pueblo, cansado de la penitencia y la picazón, se fue organizando. Melodías clandestinas, percusiones escondidas, letras pegajosas.

Hasta que un día, con ritmo y decisión, la historia cambió de rumbo.

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