El gobierno de Donald Trump está intensificando las tensiones con Venezuela y Nicolás Maduro, y parece estar creando las condiciones que podrían desencadenar un enfrentamiento militar.
Cerca de las aguas de Venezuela, se está produciendo una acumulación importante de fuerzas navales estadounidenses, mientras el gobierno de Estados Unidos ha aumentado la retórica beligerante sobre el combate a los cárteles del narcotráfico y ha etiquetado a Maduro como líder de un cártel terrorista. Esto plantea la duda de si el objetivo final solo es contrarrestar el flujo de embarcaciones que contrabandean drogas o una posible guerra que busca un cambio de régimen.
El mes pasado, Trump firmó una directiva, que aún es secreta, en la que daba instrucciones al Pentágono para que utilizara la fuerza militar contra algunos cárteles de la droga en Latinoamérica que su gobierno ha calificado como organizaciones “terroristas”. Casi al mismo tiempo, el gobierno declaró que un grupo criminal venezolano era una organización terrorista y que Maduro era su líder, al tiempo que calificaba a su gobierno de ilegítimo.
Desde entonces, el Pentágono ha estado movilizando unidades de la Armada estadounidense, incluidos buques de guerra, al sur del mar Caribe. En respuesta, Maduro anunció el lunes el despliegue de 4,5 millones de milicianos en todo el país y dijo: “Nuestros mares, nuestros cielos y nuestras tierras las defendemos nosotros”, en referencia a cualquier incursión.
El gobierno de Estados Unidos ha dicho poco sobre sus intenciones. El martes, se le preguntó a la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, sobre los movimientos y sobre si el gobierno estaba considerando la posibilidad de enviar fuerzas al territorio de Venezuela. Respondió calificando a Maduro de ilegítimo y recordó que, a finales del primer gobierno de Trump, se le imputó por cargos de narcotráfico en Estados Unidos.
Aseguró que Trump está “dispuesto a utilizar todos los elementos del poder estadounidense para impedir que las drogas desborden nuestro país y para llevar a los responsables ante la justicia. El régimen de Maduro no es el gobierno legítimo de Venezuela. Es un cártel narcoterrorista”.
El Pentágono declinó hacer comentarios públicos sobre los detalles del despliegue. Pero Sean Parnell, principal portavoz del Pentágono, dijo que los cárteles “han protagonizado una oleada histórica de violencia y terror en todo nuestro hemisferio —y en todo el mundo— que ha desestabilizado las economías y la seguridad interna de los países, pero también han inundado Estados Unidos de drogas mortales, delincuentes violentos y pandillas sanguinarias”.
Añadió que el Departamento de Defensa “sin duda desempeñaría un papel importante en el cumplimiento del objetivo del presidente de eliminar la capacidad de estos cárteles para amenazar el territorio, la seguridad y la protección de Estados Unidos y su pueblo”.
Funcionarios estadounidenses dijeron que pronto llegarían a la región hasta tres destructores de misiles guiados. Los buques de guerra de la Armada atacarán barcos operados por cárteles de la droga que transportan fentanilo a Estados Unidos, dijeron los funcionarios, pero no han dicho cómo lo harán.
También se dirigen a la región el Grupo Anfibio Listo Iwo Jima —que incluye el USS San Antonio, el USS Iwo Jima y el USS Fort Lauderdale, con 4500 marineros— y la Unidad Expedicionaria de Marines número 22, con 2200 infantes de marina, según dijeron funcionarios del Departamento de Defensa.
Esos barcos y los marines partieron de Norfolk, Virginia, a principios de esta semana, pero tuvieron que volver para evitar el huracán Erin. Se espera que vuelvan a salir pronto y es probable que lleguen en los próximos días. También se están desplegando en la región varios aviones de vigilancia P-8 y un submarino, dijeron las autoridades.
Los destructores que se dirigen a una zona fuera de las aguas venezolanas son el USS Jason Dunham y el USS Gravely, ambos buques de guerra que recientemente participaron en la campaña contra la milicia hutí en el mar Rojo. Un tercer destructor, el USS Sampson, actualmente en el Pacífico oriental, podría unirse pronto, dijo un funcionario.
Estos buques de guerra son destructores de misiles guiados de la clase Arleigh Burke, equipados con más de 90 misiles, incluidos misiles tierra-aire. Pueden realizar combates antiaéreos y antisubmarinos, y derribar misiles balísticos.
Desplegarlos contra los cárteles de la droga sería como “llevar un obús a una pelea de navajas”, dijo el jueves un funcionario de defensa.
Durante mucho tiempo, la Marina estadounidense ha interceptado y abordado barcos sospechosos de contrabando de drogas en aguas internacionales, normalmente con un oficial de la Guardia Costera al mando de manera temporal para invocar a la autoridad policial. Pero la escala de las fuerzas que el Pentágono está movilizando, sumada a la orden de Trump, sugiere que el gobierno está contemplando acciones que van mucho más allá de las interceptaciones marítimas de tipo policial.
“Al enviar tres destructores Arleigh Burke frente a las costas de Venezuela, el presidente Trump está aportando una capacidad de ataque terrestre seria a través de misiles Tomahawk”, dijo el almirante James Stavridis, quien fue jefe del Mando Sur estadounidense y ahora está retirado. “También una sofisticada recopilación de inteligencia, seis helicópteros avanzados, mil marineros y un sofisticado control de mando para ejecutar operaciones antinarcóticos en el mar”.
Las intenciones operativas concretas del gobierno se están manteniendo inusualmente en secreto, incluso dentro del poder ejecutivo, según varios funcionarios. Sigue sin estar claro qué criterios o reglas de enfrentamiento está considerando el gobierno para cualquier operación que utilice la fuerza armada.
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