Vladimir, te espero esta noche. Por favor ven a escuchar y a dar una opinión. Va a estar gente que aprecias y otros que no tanto…pero cuidado¡, así me invitaba a su casa mi buen amigo Parsifal De Sola, quien recientemente pasó a otro plano. -Parsi…ojalá el ambiente sea manejable. Imagino el tipo de gente que invitaste y su carómetro al verme allí. Tu sabrás lo que haces. Llegaré un poco tarde…pero cuenta conmigo, le contesté con cierta preocupación. -Cuidado con una vaina…¡por Dios¡ Pórtate bien mira que La Portu mandó a hacer las arepas que tanto te gustan, finalizó el anfitrión hablando con la vehemencia que le caracterizaba mientras movía el dedo índice de forma particular, enfatizando sus palabras. El gancho de las arepas ordenadas por la amabilísima mujer de Parsi, la querida Portu, era una jugada maestra de su parte.
Esa noche, curiosamente, había una cantidad inusual de guaruras en el estacionamiento del edificio de residencia de mi amigo De Sola. Una vez anunciada mi presencia, mandaron el ascensor privado el cual, al abrir en el Penthouse, me puso frente a frente con la amable anfitriona. Un fuerte abrazo y al oido un discreto mensaje -Paciencia. Me invitó entonces a la parte superior del apartamento. Subí las escaleras de golpe y me conseguí con que la reunión era en la salita donde muchas veces compartíamos. Apenas aparecí…un silencio penetrante sobrevino mientras mis ojos no daban crédito a lo que veían.
El elocuente anfitrión me abrazó y pasó a presentarme a cada uno de los invitados. – Me dicen que tu conoces al Mayor General Cliver Alcalá Cordones, dijo. Efectivamente y gracias a una conexión familiar, estuve muchas veces con el MG cuando aún estaba activo en la Fuerza Armada. De hecho, fue uno de los que anònimamente entrevisté para hacer mi libro Chávez y la perversión del ejército. Esa obra me acercó a ese mundo después de años ajeno al mismo y explica mi presencia en esa reunión. Saludé a Cliver, a quien definitivamente el retiro no le sentaba bien. A su lado estaba un asesor civil del MG (r) cuyo nombre prefiero no mencionar con la intención de preservarle. En ese momento me tomó por el antebrazo el anfitrión y presentó al siguiente invitado: -Y…aquí te presento al Mayor General Rodríguez Torres, quien recientemente ha pasado a retiro. Ambos nos miramos con recelo y un gélido saludo medianamente ocultó la inmediata repulsión mutua. Más allá, estaba otro oficial retirado de la Guardia Nacional cuyo nombre omitiré porque está actualmente preso en condiciones inhumanas y este relato podría empeorar su situación.

Tomé asiento y me sirvieron un carajillo. La reunión entonces prosiguió pero ahora todo el que hablaba utilizaba lenguaje genérico lleno de dobles sentidos, señal de que cada quien pensaba que alguno de los otros podía estar grabando el encuentro. Parsi, por ejemplo dijo: -Es importante hablar. Este orden de cosas no puede seguir y así sea tragando grueso, todos los factores opuestos al régimen deben acercarse y por eso la invitación a este encuentro. Volteó, me vió pero yo no dejé de ver al piso, como desentendiéndome de sus palabras. Cliver Alcalá tomó la palabra: -Es fundamental conversar, acercar posiciones y ver si es posible entendernos. Esto que vivimos no tiene nada que ver con lo que Chávez soñó para nuestro país e independientemente de la ideología propia, es necesario explorar formas de acuerdo. Todos asintieron…menos yo. En eso, le tocó el turno a Rodríguez Torres. -Como uds se imaginarán, yo soy custodio del pensamiento de Chávez y por tanto no reconozco esta forma de proceder de Maduro y Compañía. Le miré fijamente apreciando la calidad de descaro de quien apenas unos días atrás era flamante Ministro de Relaciones Interiores del mismo régimen que ahora le molestaba. Aquel esquema de gobierno le había hecho antes Jede de la DGCIM y del SEBIN. El tipo prosiguió su perorata con ese tono de narrador de desfile del 05 de julio que tanto molesta a este servidor. En eso, se dirigió directamente a mi: -Y quiero que sepa Dr Petit, que no sé con quién habrá trabajado su libro pero oiga esto de mi propia boca: nadie, absolutamente nadie en el ejército venezolano, forjador de libertades, estaría dispuesto a arriesgar todo y lograr un cambio con el objetivo que un dirigente de la derecha dirija la patria de Bolívar. No señor. El Ejército venezolano es chavista, socialista y enemigo de la derecha venezolana y mundial. El papel entonces de los sectores de la derecha doméstica es respaldarnos a nosotros, los que controlamos el poder nacional, los institucionalistas y los únicos que podemos darles algunas garantías. Nuevamente, un silencio cortante. Parsifal, quien me conocía bien, se sonrojó al escuchar aquella intervención, previendo mi reacción. Puse la taza sobre la mesita del centro y atajé aquellas palabras enseguida: -Agradezco mucho la invitación de Parsi y creo importante que se hable…pero a usted General Rodríguez Torres, le digo claramente dos cosas. La primera es que por cada oficial que, según ud., no quiere nada con la gente de derecha, conozco a…digamos, unos 100, que no quieren que gente como ud vuelva a tener poder en este país. Ni ud ni nadie con algo que ver con Chávez. Lo segundo General, es que si yo hubiese sabido que aquí iba a estar el Padre de la Tumba, jamás hubiese venido. Ojalá le tocara al menos pasar una noche en la inhumana cámara de tortura que organizó para que sintiera en carne propia lo que muchos amigos míos, patriotas de bien, han sufrido por su causa. Vergüenza le debería dar. Y con el permiso de todos…mejor me voy…y tranquilo Parsi, que conozco bien por dónde salir.
Abandoné rápidamente aquel desagradable encuentro.
La historia posterior es aleccionadora.
Cliver terminó preso en USA. El civil acompañante de Cliver, en el exilio. El oficial retirado de la GN, en actualmente incomunicado en la cárcel. Rodríguez Torres, después de enredar a uno de los oficiales más brillantes de su generación y sabotear su operación, estuvo 5 años preso en su propia obra. Yo, el más pendejo, en el exilio por cerca de 8 años ya. El hermoso apartamento donde nos reunimos, saqueado por las fuerzas de inteligencia militar que en una operación comando allanaron la residencia privada de los DeSola, quienes tuvieron que huir a Colombia.
Este episodio, fácilmente verificable hasta en sus detalles, lo cuento porque estos últimos días Rodríguez Zapatero ha promovido una especie de transición que incorporaría al Mayor General (r) Rodríguez Torres, lo cual es inaceptable a todas luces. Es una de esas barbaridades que solo una mente aviesa como la de Zapatero puede proponer. Sería la reedición del infausto 30 de abril aquel o algo así como salir del tirano pero dejar a su verdugo a cargo o como si los Balcanes, Clinton los hubiese pacificado para dejar al frente de su gobierno a Milosevic (señalado de 10.000 muertes) o Karadzic (acusado de 8.000 asesinatos). Este Mayor General, en vez de ansiar regresar al poder, debería arreglar sus cosas porque será uno de los primeros llamados a rendir cuentas a la justicia en una nueva Venezuela. El dolor causado a miles de familias venezolanas no lo borra su actual posición.
Que nadie cometa errores.
La transición con señalados del régimen o con lo peor del mismo, no es sostenible ni plausible simplemente porque sería más de lo mismo. Y aquí lo planteado es un cambio total y…hacer justicia.


