El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, llegó a China para participar en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), en representación del presidente Nicolás Maduro, quien no se trasladó a Pekín.
Venezuela no es miembro pleno de la OCS, por lo que su participación se produce como observador o socio de diálogo, reflejando un reconocimiento diplomático limitado dentro del foro.
Fuentes diplomáticas interpretan la presencia de Rodríguez como un gesto estratégico: reafirma la relación con Beijing y que pretende proyectar la imagen de Venezuela como actor relevante en espacios multipolares.
Sin embargo, la ausencia del jefe de Estado y la limitada visibilidad de la delegación subrayan una desesperación táctica frente a la presión estadounidense, que ha desplegado activos militares en el Caribe sur y ha calificado al régimen como narco-terrorista.
Aunque los detalles de la agenda se mantienen discretos, analistas destacan que la participación permite señales de respaldo internacional y diplomacia preventiva, sin comprometer recursos militares o económicos de magnitud inmediata.
En síntesis, la visita combina legitimidad simbólica con maniobra defensiva, reflejando la tensión de Caracas en un escenario internacional cada vez más exigente.


