Vía DDC
La Administración del presidente Donald Trump anunció la prórroga hasta el 14 de septiembre de 2026 de las normas legales que permiten las exportaciones de Estados Unidos a Cuba, calificando estas ventas como “de interés nacional” para el país.
El anuncio se formalizó a través de un memorando de la Casa Blanca fechado el 29 de agosto y dirigido a los jefes del Departamento de Estado y del Tesoro, publicado oficialmente en el Registro Federal el 4 de septiembre. El documento autoriza la “continuación del ejercicio de ciertas autoridades en virtud de la Ley de Comercio con el Enemigo”, cuya vigencia estaba prevista para expirar el 14 de septiembre de 2025.
“De acuerdo con la autoridad que me confiere la sección 101(b) de la Ley Pública 95-223, continúo durante un año, hasta el 14 de septiembre de 2026, el ejercicio de esas autoridades con respecto a Cuba, según lo implementado por las Regulaciones de Control de Activos Cubanos, 31 CFR Parte 515”, señala el memorando firmado por Trump.
Las excepciones al embargo estadounidense que permiten las ventas de alimentos y productos agrícolas fueron aprobadas en 2000 durante la Administración de George W. Bush. Aunque Fidel Castro rechazó inicialmente estas compras, el régimen cubano realizó sus primeras adquisiciones en diciembre de 2001. Bajo la Administración de Barack Obama, estas transacciones se incrementaron.
Desde entonces, Cuba ha adquirido en Estados Unidos productos por un valor superior a 7.923 millones de dólares, incluyendo automóviles, equipamiento industrial y tecnológico, materiales de construcción, materias primas para la industria farmacéutica y productos médicos. Estados Unidos se mantiene como el principal proveedor de carne de pollo para la Isla, el producto cárnico más consumido por los cubanos y vendido en parte en dólares a través de tiendas estatales. Solo entre abril y mayo de 2025, las compras cubanas en Estados Unidos alcanzaron casi 205 millones de dólares.
En la narrativa oficial cubana, el llamado “bloqueo” funciona más como una excusa política que como una limitación real. El régimen lo emplea para justificar las carencias de alimentos, medicinas y servicios, desviando la atención de su propia gestión económica centralizada y de las restricciones internas que impone. Sin embargo, como reconocen recientes declaraciones de funcionarios cubanos, Cuba puede comprar libremente productos en Estados Unidos, incluidos alimentos básicos como pollo, lo que evidencia que las verdaderas limitaciones provienen de decisiones internas del Gobierno cubano y no del embargo estadounidense.
En agosto, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado señaló que funcionarios del régimen cubano han admitido públicamente que la narrativa sobre el “bloqueo” no se sostiene. La embajadora Johana Tablada y el primer ministro Manuel Marrero reconocieron que Cuba puede adquirir libremente productos en Estados Unidos, y que las restricciones internas provienen de decisiones del propio Gobierno.
“Es hora de libertades económicas reales para el pueblo cubano y no para las empresas dirigidas por los servicios de seguridad”, concluyó la entidad estadounidense en sus declaraciones en X.
A pesar de estas admisiones, la cúpula gobernante y los medios oficiales de Cuba continúan responsabilizando al embargo estadounidense por las privaciones que enfrenta la población en la Isla.


