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Editorial El Nacional: Las dudas de Diosdado

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Vía El Nacional

El ministro del Interior, conductor del programa Con el mazo dando en la televisión pública, dedicó la mayor parte de la emisión 541 de su espacio al caso de la embarcación destruida por fuerzas de Estados Unidos en el sur del mar Caribe, que causó la muerte de once hombres que transportaban drogas desde Venezuela. La operación había sido confirmada por el propio presidente Donald Trump.

Cabello, que siempre hace gala de saber todo lo que ocurre en el país, en esta oportunidad se comportó como el ancla despistada de un programa de televisión que plantea dudas pero no sabe nada, o aparenta no saber nada: que por qué los hombres de la embarcación eran del Tren de Aragua y no del Cártel de los Soles, que él solo cuenta cinco en la imagen difundida y no once, que si van once dónde cabe la droga y el combustible, que no es un buque sino un peñero (embarcación ligera para la pesca), que la punta es más afilada que la usual de un peñero, etc. 

El programa del ministro fue transmitido el miércoles en la noche, mucho más de 24 horas después de que se conociera el ataque. Y Cabello, que ya arrojó por la borda la bufonada inicial de su colega ministro de Comunicación, Freddy Náñez, de que todo era una invención de la inteligencia artificial, no es capaz, sin embargo, de dar una explicación de los hechos, como lo obliga su alto cargo tanto en la administración pública como en el partido del régimen. Por el contrario, exige al gobierno de Donald Trump que lo aclare, lo que está lejos de parecer una defensa rodilla en tierra de la soberanía territorial, si hubiera sido vulnerada, y de la vida de once venezolanos, así sean del Tren de Aragua o del Cártel de los Soles.

Son versiones periodísticas -a pesar de lo difícil y peligroso que resulta ejercer ese oficio en el país- las que han establecido que la embarcación salió de San Juan de Unare, en el municipio Arismendi del estado Sucre, apenas separado por una lengua de mar de Trinidad, que ocho de sus once tripulantes habitaban en el poblado y tres en otras localidades cercanas y que la información sobre la destrucción de la lancha circuló muy pronto el propio martes  entre los vecinos y familiares de los que perecieron. Pero Cabello, que lo sabe todo, no estaba enterado la noche del miércoles. ¿Entre tantos milicianos, fuerzas militares y policiales desplegadas por todo el territorio no hay ningún control sobre lo que ocurre, ningún reporte de incidencias?

El estado Sucre es uno de los más pobres del país. Desde hace muchos años, décadas, el tráfico de drogas es un serio problema social, que ha alterado la vida en algún tiempo apacible de los pueblos de la larga y hermosa costa de la península de Paria. El asunto se ha agravado con el paso de los años hasta el punto de que esas poblaciones se han convertido en refugio de jefes de mafias carcelarias, que pasaron por la prisión de Tocorón, en Aragua, y la de Puente Ayala, en el estado Anzoátegui. Desde allí se dedican a sacar cargamentos de drogas por el mar hacia las cercanas islas caribeñas. En septiembre de 2018, bandas de San Juan de las Galdonas y San Juan de Unare se enfrentaron a tiros durante dos días, con un alto saldo de muertes sin confirmación oficial.

Tampoco ahora hay confirmación oficial de las autoridades de lo que ocurrió con la lancha bombardeada por Estados Unidos, como parte de su despliegue militar en aguas del mar Caribe. La tensión sube tras cada nuevo episodio de esta situación de desenlace impredecible, en la que el régimen que ejerce de manera ilegítima el poder pretende poner al país en una movilización militar insensata antes que garantizar la paz de los venezolanos.  

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