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Aquella huella insolente del castrocomunismo impenitente (I), por Víctor A. Bolívar

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“Todos los comunistas tienen que comprender
esta verdad: el poder nace del fusil”. Mao Tse-tung

Algunos años han transcurrido desde que el castrocomunismo se alzó en armas contra la soberanía y la incipiente democracia en Venezuela. Aquella agresión iniciada en los sesenta, tuvo como propósito replicar en nuestro país la épica gesta de la Sierra Maestra que puso punto final a la dictadura militar de Fulgencio Batista. Ya para ese entonces Fidel se había quitado la careta: la revolución nacionalista de Cuba desnudó su esencia marxista leninista. La guerrilla en montañas, pueblos y ciudades se llevó consigo parte de una generación de valiosos venezolanos embelesados por la flauta mágica de los héroes del Gramma, la batalla de Santa Clara y de la apoteósica entrada a La Habana. Durante aquel difícil trance, muchos venezolanos, guerrilleros y civiles inocentes, perdieron la vida y buena parte de su futuro.

Lo más evidente, por emblemática, de aquella exportación de la revolución castrocomunista fue la aventura bélica de Fidel en el llamado “Desembarco de Machurucuto”. Ese hecho constituyó la propia evidencia de que holló nuestro suelo la planta insolente del extranjero, como diría “el Cabito”. La historia da cuenta que el castrocomunismo fue derrotado por nuestros entonces militares institucionales y determinó la expulsión de Cuba del sistema interamericano. Sin embargo, aquella derrota dejó a Fidel como una hiena lamiéndose sus heridas, aguardando mejores tiempos para manifestarse de nuevo.

Así lo reseñamos en nuestro artículo “El castrocomunismo y sus vasallos, impenitentes e inescrupulosos”, publicado por este medio el 15/10/2020: “No demoró Fidel en mostrar ese enfermizo complejo frente a Rómulo. No solo se hizo del apoyo de unos parlamentarios que en aquel entonces lo eran en tanto fueron elegidos bajo las reglas del recién estrenado sistema democrático que pronto tratarían de desmontar. Sin asco, sus vasallos en el país comenzaron a servirle con la invasión de Machurucuto, a recibir apoyo bélico y financiamiento extranjero para la guerrilla marxista y los golpes de Barcelona, Carúpano y Puerto Cabello”.

En efecto, así se hizo luego de manera sistemática: El Caracazo, los golpes del 92 contra un gobierno democrático y el real acceso al poder con un Chávez genuflexo y permeado por el castrismo, así lo corroboraron. Con él cogobernaron los cubanos a su antojo, afectando nuevamente la soberanía del país, al punto de perfilar la insólita unión de ambos países, bajo un mismo nombre y bandera. No en balde, la entrega de cotos de poder en defensa, seguridad, inteligencia, identificación, etc.; con incursiones inicialmente manejadas por sus comisarios y el entonces embajador Germán Sánchez Otero, quien por más de 10 años formó parte importante del Poder Ejecutivo del régimen chavista y al final fue defenestrado por el gobierno cubano, acusado por vínculos non santos.

Seguiremos…

Víctor A. Bolívar
X:@vabolivar

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