En su última intervención como presidente de Colombia ante la Asamblea General de la ONU, Gustavo Petro emitió fuertes críticas hacia la administración de Donald Trump y cuestionó la caracterización del Tren de Aragua como una organización terrorista.
Petro calificó esta etiqueta como una «mentira», argumentando que el grupo no es más que una banda de delincuentes comunes amplificada por la «estúpida idea de bloquear a Venezuela».
Además, el mandatario colombiano rechazó las recientes acciones de EEUU en el Caribe, donde ataques aéreos habrían matado al menos a 17 personas vinculada con el narcotráfico, provenientes de Venezuela, según lo ha confirmado el Gobierno de Donald Trump.
Petro afirmó que las víctimas no eran miembros del Tren de Aragua, como se había informado, sino «caribeños, posiblemente colombianos».
Por ello, solicitó la apertura de un proceso penal contra funcionarios de EEUU, responsables de autorizar estos ataques en el mar Caribe contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico, calificándolos de «asesinatos».
Estas declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión entre Colombia y Estados Unidos, especialmente tras la descertificación de Colombia en la lucha contra las drogas por parte de la administración Trump.
Petro ha criticado esta medida, considerándola una decisión «personal» en su contra y defendiendo su enfoque más humano hacia los productores de coca.
Las implicaciones de una nueva petrada
La intervención del primer mandatario ante el organismo multilateral fue analizada por Juan Nicolás Garzón, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de La Sabana, que en diálogo con Infobae Colombia comentó cómo Petro mantuvo una línea coherente con sus posturas previas, aunque el impacto real de sus palabras en el canal diplomático e incluso comercial con Washington, a su juicio, aún es incierto.
Garzón explicó que el discurso de Petro se organizó en torno a dos temas centrales: por un lado, el jefe de Estado colombiano dirigió una crítica a la política exterior de Estados Unidos, enfocándose en su presencia militar en el Caribe y en las operaciones relacionadas con Venezuela; y cuestionó la transparencia y la justificación de estas acciones, señalando que existen aspectos que deberían esclarecerse.
El análisis de las posibles consecuencias del discurso en la relación bilateral con Estados Unidos revela un panorama complejo, pues según explicó Garzón explicó a Infobae Colombia, anticipar la reacción del Gobierno norteamericano resulta difícil, dado el carácter impredecible de los líderes de ambos países. “Y lo son porque, de lado y lado, tenemos a líderes que son impredecibles”, destacó en su análisis.
Si bien el gesto de la delegación estadounidense de abandonar la sala durante la intervención de Petro fue interpretado como una señal de tensión, el experto considera que no es seguro que Estados Unidos adopte represalias inmediatas. “No tengo tan claro que el gobierno de los Estados Unidos vaya a tomar algún tipo de represalia o de medida fuerte en contra de Colombia por consecuencia de estas palabras”, reafirmó.
Entre las posibles respuestas, Garzón mencionó la imposición de aranceles o ajustes en la ayuda, aunque también contempló la posibilidad de que la administración estadounidense opte por la indiferencia, al considerar que el mandato de Petro se encuentra en su fase final. Y añadió que, en ocasiones anteriores, Washington ha diferenciado entre la figura del presidente colombiano y el resto de las instituciones del país.
“También puede haber una lectura desde los Estados Unidos un poco más de mediano a largo plazo, y es dejar que Petro hable y haga su escena, por llamarlo de alguna forma… en menos de un año, ese Gobierno y ese presidente, pues ya no estará”, reiteró el analista, que fue si se quiere cauto frente a lo que podrían ser los escenarios que afrontaría el Gobierno central frente a los últimos 318 días de administración.


