¿Se acuerdan de George Floyd? Por supuesto: la prensa mundial no iba a permitir que lo olvidara. Fue un delincuente habitual de Minneapolis, muerto tras ser detenido, probablemente de sobredosis, aunque el policía que le detuvo fue acusado de homicidio y cumple condena.
Hay en Extremadura un monumento a Floyd, como lo hay en muchas partes del mundo, y fue enterrado en un ataúd de oro puro ante el que se arrodilló, llorando, el alcalde de Minneapolis. Su muerte desató disturbios por todo Estados Unidos, provocando violencia, incendios y destrozos en una veintena de ciudades norteamericanas. Equipos deportivos de todo el mundo se arrodillaban en su honor antes de las competiciones.
La prensa internacional parecía no tener nunca bastante de San George Floyd. Su nombre aparece citado la friolera de 74.221 veces en noticias de la prestigiosa agencia Associated Press.
A finales del pasado agosto, como informamos en estas páginas, Iryna Zarutska, una refugiada ucraniana de 23 años que se había instalado en Charlotte, Carolina del Norte, huyendo de la guerra en su país, fue asesinada a cuchilladas en el metro por un delincuente habitual Decarlos Brown, sin motivo alguno aparente, en un crimen sin sentido grabado en un vídeo que se ha hecho viral.
Pero esa no es ahora la noticia; la noticia ahora es que un crimen tan brutal e inmotivado no es noticia para los medios convencionales. Si buscan «Iryna Zarutska» en AP, le dará un resultado de «0». No existe. Para la prestigiosa agencia, el horrible crimen no ha tenido lugar.
También ha desaparecido de Wikipedia, que inicialmente publicó una entrada sobre el crimen, alegando que no es especialmente relevante. Y ha sido igualmente ignorado por CNN, NBC, Washington Post, USA Today, Axios, ABC, The New York Times… Por todos los grandes medios del sistema. No ha sucedido o no es relevante, en su opinión.
La razón es muy sencilla: no se ajusta a la narrativa oficial. Brown es negro; Iryna era blanca. Si viviéramos antes de la aparición de las redes sociales, ni siquiera conoceríamos la historia cuya ausencia, paradójicamente, es el mudo epitafio de los grandes medios del sistema.


