Morfema Press

Es lo que es

Anatomía de la narcotiranía en Venezuela (y por qué su final es condición necesaria para la reconstrucción)

Comparte en

La nueva narrativa de la propaganda chavista —y de sus voceros en español e inglés— insiste en que desmontar la narco-estructura chavista “traería caos”. Es un libreto conocido: los regímenes autoritarios se presentan como el mal menor frente al desorden que ellos mismos provocan. Pero en Venezuela el guion se cae por su propio peso.

Por: Walter Molina Galdi – La Gran Aldea

El chavismo es el caos: quebró la economía, diseñó una emergencia humanitaria compleja, pulverizó las instituciones, destruyó la empresa petrolera, acabó con los servicios públicos, convirtió al territorio en un hub criminal y expulsó a millones. El caos, por tanto, no es una hipotética consecuencia de la salida del régimen; es la condición actual que el chavismo creó, explota y necesita para sobrevivir. Y tiene nombre propio: tiranía narcoterrorista, cleptocrática y kakistocrática.

Lo que sigue es un inventario —duro, con datos— de por qué el fin de este sistema mafioso no solo no generará el desastre que anuncian: es el primer requisito para detenerlo.

1) De la democracia a la narcotiranía: el marco analítico

El profesor José Ignacio Hernández lo formuló así: en Venezuela no hay una, sino tres transiciones pendientes y entrelazadas: la política (del autoritarismo a la democracia constitucional), la económica (de la economía centralizada y anárquica a la economía de mercado) y la del Estado (del Estado fallido y criminal al Estado funcional). Agrego yo: el desmontaje de la estructura narcoterrorista donde los grupos como las FARC y el ELN actúan con absoluta libertad en nuestro territorio. Ninguna puede consolidarse sin las otras. Por ello, durante años, advertimos que pretender “normalizar” al régimen o inyectarle recursos para que “se porte bien” es desconocer la naturaleza del sistema: una coalición de poder que se financia por la corrupción, el contrabando y el narco, y que usa la represión y la cooptación para sobrevivir. Lamentablemente la anterior administración estadounidense no entendió algo tan simple. Y, lo peor, es que algunos de sus miembros, hoy siguen sin entenderlo (o sin querer entenderlo).

Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith explicaron cómo operan estas autocracias: gobiernan para una coalición ganadora pequeña, a la que reparten rentas y privilegios; cuanto más chica, más control. La consecuencia es obvia: los recursos públicos no se destinan a bienes públicos, sino a engranar lealtades. Moisés Naím, por su parte, lo describió hace años: el chavismo no es “solo” autoritarismo; es un Estado-mafia.

2) La evidencia internacional es unánime: Venezuela está abajo de todo… menos en la represión

Corrupción. En el Índice de Percepción de la Corrupción 2024, Venezuela cayó a 10/100 y se ubicó entre los tres peores del planeta. No es un tropiezo coyuntural: es una trayectoria de estancamiento y retroceso de más de una década.

Estado de derecho. El World Justice Project – Rule of Law Index 2024 colocó a Venezuela última de 142 naciones evaluadas (142/142). No hay garantías, no hay justicia independiente, no hay frenos al poder.

Democracia. En el Democracy Index 2024 de The Economist, Venezuela figura como régimen autoritario, con puntaje 2,25 y puesto 142 de 167.

Paz y violencia. El Global Peace Index 2025 ubicó a Venezuela en el puesto 139 de 163 y como el país que más se deterioró en Sudamérica en el último año (+0,053 de empeoramiento). Solo Colombia quedó por debajo en la región.

A todo eso hay que sumar el terrorismo de Estado que lleva años ocurriendo pero que, desde el 28 de julio de 2024, se intensificó. Así lo dejó claro la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y también la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos sobre Venezuela, cuyo último informe estableció que en Venezuela existe una política de Estado orientada a silenciar toda disidencia mediante el uso sistemático de la violencia y el terror. Esta política, ejecutada de forma generalizada, organizada y persistente, constituye crímenes de lesa humanidad, en especial persecución por motivos políticos, y compromete la responsabilidad penal individual de sus perpetradores ante la Corte Penal Internacional.

Estos no son adjetivos: son mediciones independientes que, juntas, describen un régimen cleptocrático, criminal y violento, montado para expoliar y dañar. Incompatible con el orden, con la paz, con la estabilidad o con el progreso.

3) Destrucción productiva deliberada: expropiaciones, cierre masivo de empresas y PDVSA arrasada

Durante años, el chavismo expropió tierras y empresas y montó un “Estado empresario” incapaz. Más de 3,6 millones de hectáreas fueron expropiadas bajo la Ley de Tierras, con productividad colapsada; y desde 1999 se registran miles de expropiaciones y confiscaciones documentadas por organizaciones como CEDICE.

El resultado macro: cierre masivo del sector privado. Se estima que unas 370.000 empresas cerraron durante estas dos décadas oscuras (≈60% del total que existía antes de 1998).

El caso PDVSA resume la lógica extractiva del régimen:

En 1998–1999, Venezuela producía ~3,4 millones b/d y PDVSA era una petrolera profesional con cuadros técnicos de primer nivel. Una de las más importantes del mundo. Tras el paro 2002–2003, Chávez despidió a >18.000 trabajadores (casi la mitad de la nómina), politizó la empresa y la convirtió en caja paralela del proyecto.

La producción inició una caída estructural: de más de 3 mbd a niveles históricamente bajos, tocando ~337–340 mil b/d en 2020 (mínimo desde los años 40), con repuntes parciales (≈800–950 mil b/d en 2024–2025) muy lejos del potencial perdido.

La seguridad industrial se degradó: la explosión de Amuay (2012) dejó 48 muertos y evidenció fallas de mantenimiento y gestión. El “show” continuó, pero para peor.

Aunque la propaganda, alguna de esta disfrazada de “análisis académico” venda que la responsabilidad es de “las sanciones”, la realidad es que la caída precede a estas y obedece a decisiones internas: purga de talento, opacidad, desvío de recursos, endeudamiento irresponsable y uso político de la empresa.

4) Emergencia social: pobreza masiva, inseguridad alimentaria y éxodo continental

La contracara humana es brutal:

De acuerdo con datos de la ENCOVI (UCAB) hay pobreza e inseguridad alimentaria severa en amplios segmentos: hasta un tercio del país en inseguridad alimentaria moderada o severa, y 89% de hogares con algún grado de inseguridad alimentaria.

El éxodo es de escala hemisférica: hoy, la migración venezolana supera incluso a la de países en guerra como Ucrania, Siria, Afganistán o Irak.

Según la Plataforma R4V, 7,7 millones de venezolanos han huido del país. De ellos, 6.874.261 están en América Latina y el Caribe (principalmente Colombia, Perú, Brasil y Chile).

El Observatorio de la Diáspora Venezolana calcula que ya somos unos 9,1 millones de venezolanos fuera de nuestra tierra. Hoy hay más venezolanos en el exilio que la población total que tenía el país a fines de los años 60. Somos más que todos los habitantes de Paraguay, Bulgaria, Croacia, Panamá, Armenia o Libia.

Fuera de Venezuela hay un 83,6 % más de personas que toda la población del estado Zulia, 143,3 % más que Miranda, 215,3 % más que Carabobo y 361,1 % más que Distrito Capital.

No se van “por sanciones”: se van por hambre, inseguridad, represión y ausencia de futuro. Se van por el chavismo. Y mientras tanto, el aparato oficial prioriza la renta criminal sobre cualquier política pública sostenible.

Lea la nota completa siguiendo este enlace a La Gran Aldea

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top
Scroll to Top