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Es lo que es

Ahora es el momento, por Rodrigo Rivera Morales

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La crisis económica política venezolana se ha convertido en una tragedia para el pueblo. La inflación de nuevo ha alcanzado cifras gigantescas. Esa inflación erosiona perversamente los menguados ingresos de los venezolanos. La inflación es el arma cobarde del régimen para dominar al pueblo. Por un lado, para no morirse tiene que dedicarse a rebuscar que comer lo que implica que no tenga tiempo para reclamar; por otro lado, someterlo a la dádiva del Clap, aunque de mala calidad, pero algo que comer. Para completar, la pandilla kakistocrática (gobierno de los peores) ejerce a través del aparato una brutal represión, para someter al pueblo sembrando miedo y terror, demostrando su falta de escrúpulos y que nada los detiene. Quien proteste o le dan plomo o va preso.

Por: Rodrigo Rivera Morales

Por otra parte, hay una permanente devaluación, lo que genera inestabilidad permanente del mercado y una desconfianza absoluta a la moneda nacional. Este ingrediente empuja más a la pobreza, pues, no solo es la problemática del valor monetario, sino que siembra inseguridad en los inversores que prefieren acudir a economías estables. La consecuencia es evidente menos empleo, menos producción y estancamiento de la economía.

No hay duda que vivimos una crisis coyuntural y estructural: hiperinflación, devaluación desempleo, recesión económica, servicios colapsados e ineficiencia de la administración pública. Lo cual evidentemente ha generado calamidad social: pobreza creciente, amplios sectores en situación de pobreza, minimización de la calidad de vida y desesperanza (resurge la idea de emigrar). La historia nos muestra que cuando surge una coyuntura o tragedia social como la venezolana, los pueblos se la juegan, organizan y plasman una implosión social. Obviamente, la pandilla gobernante, como curtida banda criminal, sabe esta posibilidad y para abortarla, impone el terror mediante la represión.

En una reunión para analizar la situación de la posible transición en Venezuela, desglosamos estos factores de acuerdo a informaciones reales provenientes del país. Cruzamos diversas informaciones. Hay militares que favorecerían un alzamiento popular, no lo agredirían y presionarían para la salida al exterior de los capos del régimen. Hay militares que han hecho gestiones de negociación. También cruzamos información sobre la población civil, un 89, 4% desea se acabe el régimen, incluso hay alrededor de un 62,6 espera que haya intervención norteamericana y liquide a la tiranía. Obvio, que ante este drama coyuntural surgió la pregunta de ¿Qué hacer? Se sabe que una transición negociada con la pandilla es imposible. Las conversaciones que se han sostenido lo único que cambia es quitar a Maduro y colocar a otro.

Alaimo sugirió una militancia activa de las personas en el exterior denunciando permanentemente los hechos de violación de los derechos humanos y l tragedia humanitaria que se vive en Venezuela, enviando información a la prensa, realizando foros, contactando a autoridades de los Estados y a grupos políticos. A sabiendas de la represión sugirió Alaimo que la sociedad organizada en Venezuela, tales como Asociación de profesores, sindicatos libres, rectores universidades, gremios profesionales realicen pronunciamientos persistentes sobre las violaciones de derechos humanos y sobre la tragedia del pueblo, empleando los diversos medios de redes sociales y comunicación por las TIC`s. Más en estos momentos que la pandilla se encuentra aislada y presionada internacionalmente.

No hay duda que hay que combatir al nefasto régimen. La avaricia, el poder, el resentimiento, su maldad interior los impulsa a perpetuarse en el aparato estatal y a someter y aplastar al disidente. Está claro que la unidad es indispensable para derrocar a la tiranía, todos debemos concurrir aportando acorde a nuestras capacidades. Vale recordar nuestra historia. La batalla contra las dictaduras exige unidad, un ejemplo de ello, fue el Pacto de Punto Fijo, nadie puede su éxito, al menos en los primeros 20 años. Consideramos que es necesario un nuevo pacto. La gobernabilidad no lo hará una sola persona, requiere el concurso de diversos factores: sociedad civil organizada, gremios, partidos, entre otros. Se trata de reconstruir un Estado fallido y una sociedad muy maltrecha. Es un atare para todos aquellos de buena voluntad y amor a la patria.

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