La salida fulminante de Gerry McGovern confirma el desplome de la estrategia woke que ha llevado a Jaguar a una de sus mayores crisis de identidad. El exdirector creativo de Jaguar Land Rover fue despedido de inmediato y acompañado hasta la puerta apenas días después de la llegada del nuevo consejero delegado, PB Balaji. Su marcha pone fin a más de dos décadas de influencia en la compañía y marca un giro evidente tras el fracaso del rebranding que pretendía reinventar la marca a través de códigos ideológicos ajenos al automovilismo.
El proyecto alcanzó su máximo ridículo con el prototipo eléctrico Type 00, exhibido en una feria de arte internacional. Su paleta rosa y azul brillante desató comparaciones con el FAB 1 de Lady Penelope y el descapotable de Barbie, alimentando una ola de críticas que señalaban el desvarío de la marca. Y el anuncio estrella de la campaña, protagonizado por modelos andróginos y sin ningún vehículo a la vista, disparó las acusaciones de propaganda woke. Incluso Nigel Farage y el presidente Donald Trump denunciaron públicamente la deriva de la compañía.
Desde Jaguar, sin embargo, se calificó la reacción popular como «odio vil e intolerancia». Rawdon Glover, máximo responsable de la marca, defendió con firmeza una estrategia que la dirección ha evitado relacionar con la salida del anterior consejero delegado, Adrian Mardell, retirado precipitada y discretamente meses después de avalar el rebranding. Hoy, el despido inmediato de McGovern vuelve a abrir interrogantes sobre el futuro de Jaguar y sobre la viabilidad de una línea que ha desconectado a la marca de su base real de consumidores.
A la incertidumbre interna se suma otra decisión controvertida: Jaguar detuvo la venta de nuevos modelos el pasado noviembre para preparar el salto a una gama totalmente eléctrica. El lanzamiento estaba inicialmente previsto para finales de 2025 y ahora se ha retrasado a 2026. La compañía ha confirmado que el primer modelo será un gran turismo de cuatro puertas, descartando el extravagante Type 00 que simbolizó la era woke.
El golpe a McGovern no sólo marca un giro dentro de JLR. Es una señal evidente del hundimiento de una estrategia que pretendía reinventar Jaguar destruyendo su identidad. Hoy el proyecto se tambalea, el público se ha alejado y la marca continúa atrapada en una crisis que no deja de profundizarse.


