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Petrolero venezolano incautado revela línea de suministro secreta a Cuba

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El reciente decomiso de un petrolero frente a las costas de Venezuela por parte de Estados Unidos ha sacado a la luz la verdadera naturaleza de la ayuda petrolera que, secretamente, el gobierno de Nicolás Maduro destina a Cuba.

El Nacional

El buque incautado, el Skipper, formaba parte de una red opaca cuyo objetivo no es solo abastecer la isla, sino también generar divisas cruciales para La Habana mediante la reventa del crudo. Según revelaciones obtenidas por The New York Times a partir de documentos internos de Pdvsa y datos de seguimiento de buques, el destino real de gran parte del petróleo asignado a Cuba no es la isla caribeña, sino los mercados asiáticos, principalmente China.

El petrolero Skipper partió con casi dos millones de barriles de crudo pesado, con Matanzas (Cuba) como destino declarado. El quid del asunto se reveló poco después de su partida: el Skipper transfirió una ínfima parte de su carga, unos 50.000 barriles, a otro buque con destino a Cuba, el Neptune 6.

Inmediatamente después, el Skipper puso proa al este, rumbo a Asia, con el grueso del petróleo, según confirmaron fuentes estadounidenses informadas de la operación. Durante décadas, el chavismo ha mantenido un salvavidas para el empobrecido régimen cubano, enviando petróleo a precios fuertemente subsidiados.

Retribución de Cuba

A cambio, Cuba ha retribuido con personal de seguridad, médicos e instructores, siendo los agentes de contrainteligencia cubanos un pilar de la protección de Maduro. Sin embargo, en los últimos años, la mayor parte del crudo supuestamente asignado a La Habana ha sido desviado.

Este petróleo se revende a China, y el dinero en moneda extranjera resultante constituye una fuente de ingresos vital para el gobierno cubano. El centro de esta red comercial es el empresario panameño Ramón Carretero, quien se había convertido en uno de los principales comerciantes de petróleo venezolano.

Documentos de Pdvsa indican que el petróleo del Skipper fue contratado conjuntamente por Cubametales, la comercializadora estatal cubana, y una firma vinculada a Carretero, quien fue sancionado por el Departamento del Tesoro de EE UU. Funcionarios cubanos condenaron la incautación del Skipper como un «acto de piratería y terrorismo marítimo», en defensa de su «legítimo derecho» a comerciar.

No obstante, la evidencia apunta a que el principal daño de la acción estadounidense no es el suministro de energía a la isla, sino el corte de la vía de ingresos en divisas. La intercepción del Skipper, con agentes armados descendiendo desde un helicóptero en aguas internacionales, no solo buscó mermar las finanzas de Maduro, sino también desarticular la alianza con Cuba.

Este golpe apunta a cortar el acceso a los fondos obtenidos a través de este comercio triangular. La historia del Skipper es un hilo en una red más amplia que conecta a Venezuela, Cuba, Irán y Rusia, todos adversarios de Estados Unidos bajo diversas sanciones.

Estos países han aprendido a evadir las restricciones del mercado petrolero global formal, compartiendo experiencia para mantener el flujo de ingresos petroleros. En última instancia, si bien estos lazos se fortalecen por la necesidad y la aversión a EE UU, los expertos señalan que el motor principal es el oportunismo comercial. Como una «OPEP de las sanciones», Venezuela y sus aliados cooperan para sobrevivir, pero también compiten en la búsqueda de mercados clave como el chino, donde «la mayoría de las veces, solo se trata de negocios».

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