El más reciente foro Perspectivas Económicas de la firma de consultoría e investigación Ecoanalítica —celebrado recientemente en el Hotel JW Marriott de Caracas— dejaron un mapa nítido de hacia dónde se mueve la economía venezolana y qué pueden esperar las empresas en un año marcado por mayor inflación, menor disponibilidad de divisas y un entorno internacional más incierto.
Por: Tony Frangie Mawad – Ecosistema
Entre las premisas centrales destacan un crecimiento sostenido únicamente por el petróleo y los sectores esenciales, la persistencia de un tipo de cambio oficial por encima de los VES/USD 300 y una brecha cambiaria volátil, además de un mercado interno cada vez más condicionado por bajos ingresos y consumo restringido.
Mientras bienes esenciales, salud, tecnología y servicios profesionales siguen siendo los ganadores de la era post-pandemia, otros sectores —como la construcción, los servicios de gobierno y el área comercial— continúan rezagados. A esto se suman factores completamente fuera del control empresarial: un marco tributario que difícilmente cambiará y el impacto internacional de la escalada de tensiones con Estados Unidos, que seguirán marcando el pulso económico del país en 2026.
La economía pisa el freno… otra vez
En los primeros tres trimestres de 2025, los índices de actividad, oferta y demanda muestran un frenazo evidente: crecieron apenas 3,5%, 4,8% y 0,1% interanual, muy por debajo del dinamismo exhibido en 2024, cuando avanzaron 9,7%, 18,2% y 5,8%, respectivamente. Tanto la oferta como la demanda han ido perdiendo impulso trimestre tras trimestre, mientras que el índice general de actividad económica se desliza hacia terreno prácticamente plano, anticipando que el país entra en una fase de crecimiento débil, similar a lo sucedido durante el “frenazo económico” de 2023.
Los esenciales mandan; el resto apenas avanza
Entre 2021 y 2024, el crecimiento económico se apoyó en actividades directamente vinculadas a necesidades básicas y servicios de alta demanda. Alimentos lideró con una expansión acumulada de 42,3%, seguido por salud (33%) y servicios profesionales (30,2%). Más atrás aparecen comercio (26%), medios de pago (17,5%) y tecnología (16,2%). La distribución del crecimiento refuerza un patrón de consumo austero, donde prosperan los sectores esenciales y los servicios ligados a productividad y transaccionalidad.
Bajos ingresos, bajo consumo: la ecuación del 2026
El panorama de ingresos confirma la fragilidad del consumo: el 69,5% de la población gana menos de $300 al mes, mientras que otro 18,4% está entre $301 y $600. Apenas 6,2% recibe entre $600 y $1.000, y sólo 5,9% supera los $1.000 mensuales. Con un ingreso promedio de $256,65, la mayoría de los hogares opera en niveles que sólo permiten cubrir necesidades inmediatas, limitando cualquier expansión del mercado interno.
La comida se come el ingreso
La estructura del gasto revela la estrechez del bolsillo venezolano: la comida absorbe cerca del 60% del ingreso familiar, seguida muy de lejos por medicina —alrededor de 15%— y gasolina. Rubros como transporte público, servicios básicos, telefonía, seguros y educación se mantienen en proporciones mínimas, mostrando que no hay espacio para consumo discrecional ni para bienes de lujo; la mayor parte del ingreso se destina simplemente a sostener el día a día.
El crédito crece, pero no alcanza
Aunque la cartera de crédito en dólares ha mostrado un incremento progresivo desde finales de 2023, sigue siendo mínima frente a las necesidades reales del sector privado. El volumen total –por encima de los $2.000 millones– apenas representa 2,3% del PIB, muy por debajo de economías comparables, mientras que la demanda de financiamiento empresarial se mantiene cerca de los $11.000 millones, muy por encima de la capacidad actual del sistema bancario. El resultado es un sector privado con margen para crecer, pero sin acceso al crédito necesario para hacerlo.
Industria lenta, ventas frías
La desaceleración golpea simultáneamente al sector manufacturero y a las ventas comerciales, revelando un enfriamiento más amplio de la actividad productiva y del consumo. En el Área Metropolitana de Caracas, las ventas comerciales crecieron apenas 3,1% interanual en octubre y acumulan solo 0,6% en diez meses, pese al rebote puntual de 7,8% frente a septiembre. La tendencia de fondo es descendente: el promedio móvil de 12 meses cayó desde los picos de mediados de 2024 hacia cifras cercanas al 2–3% a finales de 2025, aunque lejos de las contracciones del 2023.
La industria manufacturera refleja un patrón similar: luego de expansiones interanuales de más de 20% y 30% en 2022 y parte de 2024, el sector entra en un ritmo mucho más bajo, con variaciones modestas o incluso negativas en algunos trimestres de 2025.
Empresas atrapadas entre la prudencia y la desaceleración
Los resultados de la encuesta empresarial de Ecoanalítica muestran que el sector privado opera con expectativas bajas y fuerte dependencia del entorno macroeconómico. El tipo de cambio es considerado una variable “muy importante” por 75% de las empresas, seguido por la actividad económica y la inflación, lo que confirma que la planificación sigue atada a variables volátiles.
En cuanto a expectativas para los próximos doce meses, el 51% de las empresas en octubre de 2025 espera un desempeño “regular”, apenas un 32% cree que será “bueno” y solo un 10% anticipa un resultado “malo”. Al comparar con el mismo mes del año previo, el pesimismo aumenta: en octubre 2025, el 35% de las empresas calificó su desempeño como “regular” y el 26% como “malo”, mientras que sólo 32% lo consideró “bueno” y 7% “muy bueno”. En conjunto, las cifras revelan un aparato empresarial atrapado entre la prudencia, la desaceleración y la ausencia de señales de mejora clara en 2025.
Pagan en bolívares, ajustan por costo de vida y rezan por estabilidad
Las empresas venezolanas continúan anclando sus políticas salariales al bolívar: el 44% paga remuneraciones exclusivamente en moneda local y un 35% lo hace bajo esquemas mixtos, mientras solo 14% paga algunos puestos en dólares y el resto en bolívares. A la hora de fijar los montos, la estrategia dominante es ajustar por el tipo de cambio oficial del BCV (47%), seguida por ajustes según costo de vida (19%).
En paralelo, el empleo permanece prácticamente congelado: en los últimos doce meses el 56,1% de las empresas mantuvo estable su plantilla, mientras 22,8% la redujo y solo 21,1% la aumentó, reforzando la idea de un mercado laboral que se mueve poco incluso en medio de la desaceleración económica.
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