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Por qué Putin no ha respondido a la captura de Maduro por parte de EEUU

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Putin ofreció palabras de bienvenida a su homólogo venezolano y aseguró que los vínculos entre Moscú y Caracas se estaban desarrollando “en gran medida gracias a la atención personal” de Maduro.

CNN

Tras unas conversaciones en formato restringido y un desayuno oficial, los dos presidentes firmaron un tratado de asociación estratégica y cooperación. Pero la captura de Maduro en una operación militar ordenada por el presidente de EE.UU. Donald Trump ha puesto de manifiesto los límites de esa asociación, al tiempo que ha señalado el camino hacia posibles oportunidades estratégicas para el líder del Kremlin frente a la nueva era de diplomacia de las cañoneras de Washington.

La condena de diplomáticos rusos a la incursión estadounidense para capturar a Maduro fue, por supuesto, rápida y categórica. En una llamada telefónica durante el fin de semana con la entonces vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, ahora presidenta encargada, Lavrov “expresó una fuerte solidaridad con el pueblo de Venezuela frente a la agresión armada”, según un comunicado difundido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia.

Al intervenir el lunes en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, el representante permanente de Rusia ante las Naciones Unidas, Vasily Nebenzya, acusó a Washington de “generar un nuevo impulso para el neocolonialismo y el imperialismo”.

Pero la voz de Putin, la única persona que realmente importa en la política rusa, brilló por su ausencia inmediatamente después de la operación de cambio de régimen de Estados Unidos. A diferencia del presidente de China, Xi Jinping, que condenó lo que calificó de “acoso unilateral” por parte de Washington, Putin no hizo ninguna declaración pública inmediata y clara sobre la incursión.

Del mismo modo, aún no ha comentado el abordaje y la incautación de un buque con bandera rusa por parte de las fuerzas estadounidenses el miércoles. Muchos observadores se preguntan ahora cómo responderá Moscú al nuevo aventurerismo militar de Washington.

A primera vista, la destitución de Maduro parece ser el último de una serie de reveses geopolíticos para Putin. En diciembre de 2024, el presidente de Siria Bashar al-Assad, un aliado histórico de Moscú, huyó a Rusia tras el colapso de su régimen. En junio pasado, Estados Unidos lanzó ataques contra instalaciones nucleares en Irán, entrando directamente en conflicto con un país que también había firmado una asociación estratégica con Rusia a principios de ese año.

Las autoridades rusas se apresuraron a aclarar que la alianza estratégica entre Moscú y Teherán no obligaba a Rusia a intervenir militarmente si Irán era atacado. Y aunque la alianza estratégica forjada entre Maduro y Putin fue presentada por el Gobierno de Rusia como una expresión de apoyo al “fraternal pueblo venezolano” en su defensa contra las amenazas externas, la incursión de las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses no generó ninguna respuesta contundente por parte de Moscú.

La incursión de las fuerzas estadounidenses para capturar a Maduro también supuso una publicidad incómoda para el complejo militar-industrial ruso. Bajo el mandato del predecesor de Maduro, el difunto presidente Hugo Chávez, las Fuerzas Armadas venezolanas comenzaron a reequiparse con material de fabricación rusa, incluidos los sistemas de defensa aérea S-300, Buk y Pechora-44. En medio de las amenazas de una acción militar por parte del Gobierno de Trump, Maduro también había presumido que su país había desplegado 5.000 misiles antiaéreos de corto alcance de fabricación rusa en “posiciones clave de defensa aérea”.

“Parece que esas defensas aéreas rusas no funcionaron muy bien, ¿verdad?”, ironizó el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, en declaraciones realizadas el lunes en un astillero naval en Newport News, Virginia.

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