Vía El Economista
«Venezuela fue una vez una nación rica y estable cuyos ciudadanos se beneficiaban de sus vastos recursos naturales y disfrutaban de una fuerte asociación económica con Estados Unidos. Sin embargo, durante más de dos décadas, los líderes venezolanos optaron por un camino más oscuro, de violencia, corrupción y socialismo. Este cambio devastó la economía venezolana, empobreció a sus ciudadanos y financió el terrorismo global».
Con esta descripción de la ‘realidad’ de Venezuela justifica el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) la intervención del país estadounidense en tierras venezolanas, al tiempo que destaca el acuerdo energético alcanzado esta semana entre ambos países con la finalidad de «fortalecer la seguridad nacional de Estados Unidos en el hemisferio occidental y ayudar a restaurar a Venezuela como un aliado responsable y próspero de EEUU».
El Departamento de Energía estadounidense ya trabaja con las autoridades interinas que ha colocado en Venezuela y la industria privada para ejecutar este acuerdo, que incluye una premisa básica que es también una prioridad para poder aumentar la producción de petróleo en Venezuela como es la reconstrucción del obsoleto sistema eléctrico de Venezuela.
La rehabilitación del sistema eléctrico venezolano «es un cuello de botella», según el Departamento de Energía de EEUU, y por ello será uno de los ejes centrales del acuerdo energético hecho público esta semana por Donald Trump, y así lo señala un documento oficial del Departamento de Energía, que describe la red eléctrica del país sudamericano como «deteriorada y frágil» tras años de falta de inversión y mantenimiento.
El peor servicio del país
El sistema eléctrico venezolano es el peor servicio que presta el país a pesar de que cuenta con petróleo y gas. Está altamente centralizado y depende mayoritariamente de la energía hidroeléctrica (cerca del 78%) y por ello es muy vulnerable, con elevadas pérdidas de transmisión y distribución que favorecen los apagones. Es decir, la red está obsoleta por la falta de inversión y mantenimiento.
Que el sistema eléctrico de Venezuela no da más de sí es algo que no solo afirma EEUU. También lo confirmaron desde el vecino Brasil en 2023, cuando se planteó un acuerdo energético entre ambos países. «La crisis del sistema eléctrico es el problema más complejo y costoso de Venezuela, en aguda crisis desde 2014, y esto afecta al resto de los servicios básicos y, en consecuencia, a todos los sectores del país».
Así lo desvelaba entonces el consultor internacional sobre energía José Aguilar, que auguraba un «oscuro futuro» a Venezuela y advertía de que «por fallas de energía eléctrica, la nación deja de percibir más de 3.000 dólares por cada MW/hora que se raciona, afectando la economía y productividad».
Un 30% menos de generación
El Departamento de Energía de Estados Unidos, por su parte, confirma que la red eléctrica de Venezuela ha perdido más del 30% de su capacidad de generación, lo cual efectivamente afecta, además de a los servicios básicos de la población, a la producción industrial y a la actividad petrolera. Por eso el plan contempla inversión en equipos, repuestos y servicios técnicos, siempre bajo control financiero estadounidense de los ingresos del crudo.
Estados Unidos defiende que sin una red eléctrica plenamente operativa no será posible recuperar la producción de crudo que tenía Venezuela hace décadas, y esta medida de adecuar la red eléctrica es un punto clave del acuerdo energético. Entre las prioridades figura, además de la atención urgente al deterioro de las líneas de transmisión y distribución, la recuperación de la capacidad de generación de energía, que son los causantes de los apagones que se viven en Venezuela habitualmente.
«La red eléctrica venezolana se encuentra deteriorada y frágil tras años de mala gestión socialista, corrupción y mantenimiento deficiente. A nivel nacional, la producción de electricidad ha disminuido en más del 30% debido a una inversión insuficiente y prácticas de operación y mantenimiento corruptas e inadecuadas. Trabajaremos para mejorar la red eléctrica, esencial para aumentar la producción petrolera, las oportunidades económicas y la calidad de vida diaria del pueblo venezolano», sostiene el documento del Departamento de Energía.
«Condiciones mínimas»
En todo caso, Estados Unidos no aborda el problema del sistema eléctrico venezolano con la prioridad de que repercuta en los ciudadanos, sino con la idea de que «se creen las condiciones mínimas que permitan elevar la producción petrolera y restablecer servicios básicos».
Por el momento ha sido autorizado el ingreso en el Venezuela de equipos, repuestos y servicios técnicos especializados en solucionar los fallos del sistema que se han ido acumulando durante décadas.
Es decir, EEUU se ha marcado la necesidad de reconstruir el sistema eléctrico venezolano como primer paso para poder extraer más petróleo y sacarle partido, ya que el control estadounidense sobre el crudo venezolano es ahora total.
Control total e indefinido
«El Gobierno de Estados Unidos ha comenzado a comercializar petróleo venezolano en el mercado global para beneficio de Estados Unidos, Venezuela y nuestros aliados. Hemos contratado a los principales comercializadores de materias primas y bancos clave del mundo para ejecutar y brindar apoyo financiero para estas ventas de petróleo crudo y productos derivados».
Así lo señala el Departamento de Energía de EEUU, que matiza que todos los ingresos provenientes de la venta de petróleo crudo y productos derivados del petróleo venezolano se liquidarán primero en cuentas controladas por Estados Unidos, en bancos reconocidos mundialmente para garantizar la legitimidad e integridad de la distribución final de los ingresos.
Lo que tiene muy claro el Departamento de Energía es que «el único petróleo que entrará y saldrá de Venezuela será el que lo haga a través de canales legítimos y autorizados, consistentes con la ley estadounidense y la seguridad nacional». El DOE ha matizado que «el diluyente estadounidense, el petróleo crudo ligero, fluirá hacia Venezuela, según sea necesario, para mezclar, mejorar y optimizar la producción y el transporte del petróleo crudo muy pesado, de alta viscosidad, de Venezuela».
Levantamiento de sanciones
Estados Unidos también se compromete así a suministrar diluyentes o crudo ligero a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para mejorar el petróleo pesado y extrapesado, altamente demandado por las refinerías del Golfo de México (Golfo de América para Trump). Además, se autorizaría la importación de equipos, piezas y servicios para yacimientos petrolíferos con el objetivo de compensar décadas de caída en la producción y estimular un crecimiento a corto plazo, con apoyo de empresas energéticas estadounidenses y socios internacionales.
El acuerdo energético incluye igualmente un levantamiento «selectivo» de sanciones por parte del Departamento de Energía de EEUU «para permitir el transporte y la venta de crudo y productos petrolíferos venezolanos en los mercados internacionales».
De acuerdo con el documento hecho público por el DOE, los recursos serán invertidos tanto en Venezuela como en Estados Unidos, siempre bajo el control del gobierno estadounidense.


