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Es lo que es

El Despertar del alma frente al asedio de la angustia, por José Ignacio Gerbasi (@jgerbasi)

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Vivir bajo un temor constante no es simplemente estar asustado; es habitar un territorio donde el futuro parece clausurado y el aire se vuelve pesado por la incertidumbre. En psicología, este asedio busca la indefensión aprendida: convencernos de que somos víctimas pasivas de un destino escrito por fuerzas externas. Pero la filosofía y la logoterapia de Viktor Frankl nos entregan la llave maestra: aunque no podemos elegir nuestras circunstancias, somos los dueños absolutos de nuestra respuesta ante ellas. El miedo quiere que sobrevivamos como seres biológicos, pero nuestra esencia nos exige vivir como seres trascendentales.

Vencer la angustia requiere activar el antagonismo psiconoético, esa capacidad sagrada del espíritu para distanciarse del dolor y decir: «Siento miedo, pero yo no soy mi miedo». Al enfocarnos en un «para qué» —en el amor por nuestra «familia de vida» y en la fidelidad a nuestros principios— recuperamos el timón de nuestra existencia. Como enseñó Frankl desde el abismo de los campos de concentración, cuando ya no podemos cambiar una situación externa, el desafío supremo —y nuestra mayor gloria— es transformarnos a nosotros mismos.

Es aquí donde descubrimos que la psicología profunda y la filosofía no son opuestas a la fe, sino que forman un amalgamamiento perfecto. La ciencia nos explica cómo funciona nuestra mente, pero la fe nos dice quiénes somos realmente ante la eternidad. No son herramientas separadas; son las dos alas que permiten al alma elevarse sobre la tormenta. La razón nos da la estructura para entender el mundo, mientras que el aferrarse a Dios nos da la sustancia para soportarlo. La psicología nos ayuda a sanar las heridas del camino, pero la fe es la que nos da la fuerza para seguir caminando cuando las piernas ya no responden.

En esta resistencia, la conexión con lo divino es la herramienta de fortaleza más activa y superior. Al depositar nuestra angustia en manos de la Providencia, no estamos huyendo de la realidad, estamos accediendo a una Realidad Mayor. La oración y la entrega actúan como un bálsamo que desinflama el sistema nervioso y eleva la conciencia hacia una paz que sobrepasa todo entendimiento. Reconocemos que no somos náufragos del caos, sino hijos de un Creador que nos ha dotado de una dignidad inalienable; somos el punto donde la lógica de la mente se rinde ante la sabiduría del espíritu.

La victoria definitiva nace cuando transmutamos la angustia en propósito y la duda en devoción. No se trata de negar el peligro, sino de afirmar la realidad de nuestra propia luz y la protección de una fuerza infinita que nos guía. Somos mucho más que nuestras circunstancias; somos el movimiento incesante que se niega a detenerse ante la sombra. Incluso en el valle más oscuro, el espíritu humano, sostenido por la mano divina y guiado por una voluntad con sentido, tiene la capacidad de encender una hoguera de esperanza que ni ningún miedo podrá apagar jamás.

¡Vamos por más!

@jgerbasi

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