En la búsqueda de la victoria, a menudo confundimos el logro con el sentido. Sin embargo, la filosofía nos ha recordado desde hace siglos que una vida llena de triunfos materiales puede estar desierta de significado. Como bien decía Aristóteles, la felicidad no es un estado estático, sino una actividad del alma conforme a la virtud.
El mundo contemporáneo nos empuja a la «reificación»: convertirnos en cosas, en cifras, en cuentas bancarias. Pero el ser humano es, ante todo, un proyecto abierto. Desde la perspectiva de la logoterapia, el vacío existencial que muchos sienten hoy —a pesar de tener poder o dinero— nace de ignorar la «voluntad de sentido».
No somos seres diseñados para la acumulación, sino para la entrega. La psicología del comportamiento humano demuestra que los niveles más altos de resiliencia y satisfacción no se encuentran en quienes buscan el placer inmediato (hedonismo), sino en quienes persiguen la eudaimonía: el florecimiento humano a través de un propósito que nos supera. Hacer algo que marque la diferencia no es un lujo altruista, es una necesidad biológica y psicológica para la salud mental.
Cuando afirmamos que “la victoria a veces tiene un costo, pero eso no deja que sea una victoria”, estamos abrazando la filosofía del estoicismo. Marco Aurelio nos enseñaba que el obstáculo no solo es parte del camino, sino que es el camino. El costo —el sudor, la lágrima, la espera— es lo que transmuta el metal base de nuestra existencia en el oro de la sabiduría.
Ese costo es la prueba de que estamos vivos y en movimiento. Un éxito sin esfuerzo es un golpe de suerte; una victoria con costo es un legado.
La psicología moderna habla de la «gratificación postergada» como el mayor predictor del éxito. Pero si le sumamos la visión trascendental, la paciencia se convierte en fe operativa. Creer que el tiempo de Dios es perfecto no significa sentarse a esperar un milagro, sino trabajar con la certeza de que cada paso, por pequeño que sea, está siendo tejido en un telar mayor que aún no alcanzamos a ver. Es la confianza de que el universo (o la Providencia) no desperdicia ninguna de nuestras batallas.
hoy tenemos una oportunidad que no se compra con dinero ni se arrebata con poder: la oportunidad de decidir tu porvenir.
No permitas que el ruido del día a día te convenza de que eres una pieza insignificante en una maquinaria ciega. Eres un arquitecto de realidades. Cada vez que eliges la ética sobre el atajo, la bondad sobre el cinismo y el propósito sobre la ambición vacía, estás ganando una batalla invisible.
Levántate con la convicción de que tu vida tiene un peso específico en la historia. Quizás la victoria que hoy buscas tiene un precio alto, quizás el cansancio ha golpeado a tu puerta, pero recuerda: las estrellas más brillantes solo se ven cuando la noche es más oscura.
No temas al costo, porque la recompensa no es solo lo que obtendrás al final, sino en quién te habrás convertido al llegar. Ten la paciencia estratégica de los sabios, la disciplina de los valientes y la fe de los que saben que no caminan solos.
Porque mientras haya un suspiro de vida, hay una misión que cumplir. El tiempo es ahora, el sentido es tuyo y el final… el final será glorioso, porque está escrito con la pluma de la esperanza y la tinta del amor.
Vamos por más…
@jgerbasi


