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Lo que puede prometer Delcy y lo que no: una visión de mercado

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Si suben los precios del petróleo, ¿quién frenaría a Delcy de expropiar o renegociar con las empresas estadounidenses en el futuro?

Por: Juan Carlos Apitz A.

La película es bastante conocida en la industria: cuando suben los precios del crudo, las empresas respiran y recuperan margen; esa misma bonanza suele reactivar la tentación del Estado de capturar la renta con más control e impuestos. Luego, cuando el ciclo baja, la presión se relaja; tiempo después vuelve la bonanza y regresa el temor a la nacionalización.

Mi tesis es que el sector petrolero global “necesita” una oportunidad como la venezolana. Las empresas podrían invertir con pocas reglas claras y obtener retornos razonables, pero Delcy no puede garantizar que una inversión petrolera a escala sea viable en el largo plazo.

Veamos en detalle la verdadera oportunidad del negocio petrolero en Venezuela y discutamos a qué se refiere el CEO de ExxonMobil, Darren Woods, cuando dice que el país “no es invertible” en su estado actual.

El petróleo y el pan

Imagina que eres dueño/a de una panadería que vende 100 panes al día. Todos los días sacas harina de tu depósito para asegurar la venta de mañana y de los días siguientes.

Uy, ¡qué bien le va al negocio!”, dices. Repartes dividendos, recompras las acciones de tus socios, llevas las cuentas con disciplina y tratas bien a tus clientes.

Pero cada día que entras al depósito te das cuenta que no tienes suficiente harina para reponer los 100 panes que vendes, sino solo 60. Llamas a tus proveedores, pero te dicen que no tienen más inventario.

Si cada día tienes menos harina en el depósito, la panadería repone cada vez menos: no cierras hoy, pero el cierre queda asegurado para después.

Ese “después” es la crisis que atraviesa la industria petrolera mundial: parte del sector produce petróleo hoy, pero no se descubren ni desarrollan suficientes reservas nuevas para sostener la producción mañana. En otras palabras, el reemplazo de reservas viene por debajo de lo que se extrae.

En las grandes petroleras, las reservas probadas combinadas cayeron aprox. 31% entre 2018 y 2023; el reemplazo agregado “orgánico” (descubrimientos, extensiones, mejor recuperación) fue apenas 48% de la producción, es decir: menos de la mitad de lo que extraen lo reponen con el negocio “regular” de explorar y desarrollar.

​Esa es una de las razones por las que decenas de altos ejecutivos petroleros corrieron a la Casa Blanca a conversar con Trump sobre Venezuela.

La industria petrolera tiene una crisis estructural, y el escenario venezolano ofrece una oportunidad.

​Primero, veamos si mejores reglas cambian significativamente el tablero.

Los parámetros para invertir en energía

Las grandes petroleras siempre han invertido en contextos difíciles.

ExxonMobil entró en Rusia en 1995, en plena guerra en Chechenia y con instituciones débiles, con la promesa de un contrato a 40 años. Aun así, décadas después la guerra en Ucrania terminó traduciéndose en pérdidas millonarias.

En Papúa Nueva Guinea, pese a conflictos locales y disputas por tierras, ExxonMobil lideró un proyecto de gas que arrancó en 2014 y ayudó a convertir al país en un exportador relevante, con una inversión cercana a US$19 mil millones.

Chevron siguió una lógica parecida: operó en entornos complejos como Angola y apostó por Myanmar en los 90 pese al riesgo político y las críticas por derechos humanos. Tras el golpe de 2021, suspendió pagos y luego anunció su salida.

En Nigeria, los ataques a infraestructura y las extorsiones han hecho que parar producción por seguridad sea parte del manual.

Casos así abundan en toda la industria. Por eso, si estas empresas entran incluso cuando el entorno institucional es frágil, la pregunta de fondo no es si el riesgo importa, sino cuándo deja de ser tolerable: ¿cuánto pesan realmente el marco jurídico, la política y el régimen fiscal?

Y si aun así invierten, es porque muchas veces lo que termina mandando en el negocio es otra cosa: el acceso al recurso, la escala del proyecto y la capacidad de operar incluso cuando el entorno se deteriora.

Veamos si la oportunidad se justifica.

El retorno mínimo

Standard Oil of New Jersey (ExxonMobil) y Royal Dutch Shell fueron esenciales para el desarrollo de la industria petrolera venezolana. El retorno de su inversión, después de cumplir con todos los compromisos, era excepcional.

En general, la industria petrolera global ha tenido un retorno promedio de largo plazo (y me refiero a retorno sobre el capital empleado, ROCE) de 10%. Hoy ese retorno ronda el 7.5%, muy por debajo de lo que se considera “saludable”.

En el caso de Exxon, su retorno promedio ronda el 13% y, más recientemente, reportó que su objetivo es alcanzar un ROCE de más del 17% para 2030, lo que implicaría un nivel muy por encima del promedio actual de la industria.​

Volviendo al ejemplo de la panadería, “conseguir harina” es la principal prioridad de las gigantes petroleras. En Venezuela, estas empresas podrían: 1) reactivar producción con infraestructura existente y/o 2) desarrollar nuevos proyectos.

En el corto plazo, el gobierno interino, bajo tutelaje externo, podría agregar 200–300 mil barriles diarios a la producción, pero eso está lejos de volver la oportunidad realmente interesante.

Los expertos aseguran que “re-encender campos e infraestructura” requeriría un precio del crudo cercano a 70 dólares por barril —comparado con los 58–60 dólares a los que cotiza actualmente el WTI (y el Merey-16, nuestro crudo, normalmente cotiza a descuento)—para alcanzar un retorno cercano al 15%.

Cuando el presidente Trump prometió que las empresas petroleras “invertirían miles de millones de dólares en Venezuela para reparar la infraestructura”, parece referirse a una reactivación inmediata, aunque el desarrollo de nuevos pozos es lo que realmente puede mover la aguja.​

Venezuela tiene reservas de una escala sin precedentes, pero convertir esos barriles en producción requeriría una inversión extraordinaria. Todos sabemos que se trata de “riqueza en papel”.

Para añadir 1 millón de barriles por día (algo que sí cambiaría el panorama), las empresas tendrían que invertir cerca de 100 mil millones de dólares y el crudo tendría que rondar los 90–100 dólares por barril para justificar el riesgo y obtener retornos razonables.

Y ahí el cálculo político es totalmente distinto.

La Venezuela petrolera

La magnitud de la inversión que requiere Venezuela obliga a que el ciclo de expropiación y saqueo del chavismo termine de una vez por todas. No es una opción, es condición sine qua non.

No se trata de bajar el precio de entrada, eso puede ser atractivo para algunos barriles más, pero para una inversión a escala como la que necesita nuestro país, se necesita tener interlocutores creíbles en caso de que la situación se deteriore.

No sabemos cuánto tiempo podría tomar, pero sin duda esto es algo que Delcy—ni la mejor versión del modelo chavista—puede prometer para las décadas por venir.

Ni ella ni ningún grupo chavista puede garantizar que no habrá saqueo una tercera, cuarta o quinta vez. Y estas empresas lo saben.

Los medios insistieron que Darren Woods, CEO de ExxonMobil, le dio la espalda a la propuesta del Presidente Trump al indicar que Venezuela «no es invertible» en las condiciones actuales.

Pero veamos lo que dijo después, cito textualmente: «En el corto plazo, hay cosas que se pueden hacer mientras se trabajan estos temas de más largo plazo. En nuestro caso, no hemos estado en el país desde hace casi 20 años. (…) También contamos con un conjunto integrado de capacidades —desde producción hasta refinación y comercialización— y creo que podemos ayudar a llevar el crudo venezolano al mercado y a capturar precios de mercado, para contribuir de nuevo con la situación financiera de Venezuela

En otras palabras, nos gusta lo que vemos y queremos ayudar, pero quisiéramos ver mucho más.

Hasta aquí lo dejo.

Voy a seguir dedicando tiempo a pensar estos temas.

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Con gusto comparto mis fuentes, si las necesitan. La mayoría de los datos proviene de reportes públicos de las empresas petroleras.

Dos de mis fuentes más confiables en Wall St. para aprender sobre petróleo son @Go_Rozen y @crudechronicle, quienes publicaron análisis excelentes sobre el plan en Venezuela. Sus estimaciones son las que plasmo en este texto. ​

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