En un giro retórico que desafía años de consignas antiimperialistas, los principales voceros de la Asamblea Nacional han comenzado a pavimentar el camino ideológico para justificar lo que antes era impensable: la entrega del control comercial del crudo a intereses de los Estados Unidos.
Bajo la nueva narrativa de la «prosperidad para la gente», el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, ha intentado desligar la actual crisis de la gestión de su propio proyecto político, atribuyendo el desfalco de la industria exclusivamente a una supuesta casta de «corruptos rojos, rojitos». Este deslinde ocurre precisamente cuando el país entra en una fase de «estabilización» tutelada, tras los eventos políticos de principios de mes que reconfiguraron el tablero de poder.
Los puntos ciegos de la «Prosperidad»
El discurso oficial ahora presenta cada venta de petróleo a mercados estadounidenses no como una capitulación de la soberanía, sino como una bendición que financiará hospitales y escuelas. Sin embargo, la crítica se centra en tres contradicciones fundamentales que el Ejecutivo intenta omitir:
- El olvido del «Bloqueo»: Mientras que durante una década se culpó a las sanciones de Washington por cada falla en los servicios públicos, hoy el discurso omite la naturaleza del control que la administración de Donald Trump ejerce sobre los ingresos, presentándolos como una gestión de «autosuficiencia» del Estado venezolano.
- La purga selectiva: Al señalar a los «rojos, rojitos» como los únicos culpables de la ruina de PDVSA, Rodríguez intenta ejecutar una «cirugía estética» al proyecto oficialista, ignorando que muchos de los señalados ocuparon cargos de altísima confianza durante años sin fiscalización alguna por parte de la misma Asamblea que hoy preside.
- Privatización bajo cuerda: La reforma a la Ley de Hidrocarburos, impulsada con urgencia parlamentaria, abre las puertas a contratos de «participación productiva» cuyas condiciones de confidencialidad impiden saber cuánto del beneficio se queda realmente en manos de la nación y cuánto responde a los acuerdos de estabilización pactados con Washington.
El petróleo como tabla de salvación política
La retórica de «cada gota de petróleo se convierte en prosperidad» parece más una campaña de legitimación que un plan económico estructurado. Al vincular el ingreso petrolero directamente con la mejora de sueldos y hospitales —promesas incumplidas durante años—, el oficialismo busca capitalizar políticamente el alivio económico que supone el regreso del crudo venezolano a las refinerías de la Costa del Golfo.
«La diferencia no está en cómo sacas el petróleo, sino en qué haces con esos reales», afirmó Rodríguez. No obstante, para los analistas críticos, la diferencia real radica en que, ante la incapacidad de sostener el modelo previo, el discurso se ha adaptado para abrazar al antiguo «enemigo del norte» como el nuevo administrador de la caja chica nacional.


