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Régimen iraní perpetró una de las mayores masacres del siglo XXI: más de 36.000 muertos en dos días de represión, según informes filtrados

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Una serie de investigaciones periodísticas publicadas en los últimos días por Iran InternationalThe Media LineThe New York TimesTIME y Breitbart apuntan a que el régimen iraní llevó a cabo una de las represiones más letales documentadas en la historia contemporánea. Según documentos internos filtrados, testimonios médicos contrastados y material audiovisual verificado, las fuerzas de seguridad de la República Islámica habrían causado más de 36.500 muertos en apenas 48 horas durante la ofensiva contra las protestas iniciadas a finales de diciembre.

La Gaceta de la Iberosfera

De acuerdo con la información publicada por Iran International, la represión se activó tras un discurso pronunciado el 9 de enero por el líder supremo Ali Jamenei, después del cual altos mandos de la Guardia Revolucionaria y de las milicias Basij recibieron órdenes directas para aplastar las protestas por «cualquier medio necesario». Documentos de inteligencia revisados por este medio señalan que se autorizó explícitamente el uso de munición real y una estrategia definida internamente como «victoria mediante el terror».

Según estos informes, los días 8 y 9 de enero se desplegaron unidades armadas en más de 400 ciudades y localidades de todo el país, con miles de puntos de enfrentamiento simultáneos. Paralelamente, el régimen impuso un apagón casi total de internet y de las comunicaciones móviles, con el objetivo de impedir la salida de información al exterior y ocultar el alcance real de la matanza.

Las revelaciones más estremecedoras proceden de The Media Line, que cita testimonios recopilados por el Iran Human Rights Documentation Center. Según esta investigación, fuerzas de seguridad trasladaron a manifestantes heridos —aún con vida— en bolsas mortuorias hasta instalaciones forenses, donde eran ejecutados si mostraban signos de movimiento. Un superviviente relató haber fingido su muerte durante tres días dentro de una bolsa, escuchando disparos dirigidos contra otros heridos, y sólo logró escapar cuando familiares irrumpieron en el recinto buscando a desaparecidos.

Un especialista en medicina forense de Teherán confirmó a este medio que pacientes fueron retirados de quirófanos y salas de urgencias en pleno tratamiento, algunos con tubos de oxígeno, catéteres y monitores cardíacos aún conectados. Personal sanitario describió escenas de ejecuciones dentro de hospitales y ambulancias, y varios médicos reconocieron haber sufrido colapsos psicológicos tras presenciar la violencia ejercida por las fuerzas del régimen.

Iran International detalla además cómo los propios recuentos internos del régimen fueron elevándose de forma progresiva. Un primer informe del IRGC entregado al Consejo Supremo de Seguridad Nacional el 11 de enero hablaba de al menos 12.000 muertos. Documentos posteriores remitidos a una comisión parlamentaria elevaron la cifra a 27.500, mientras que informes de inteligencia fechados el 22 y el 24 de enero situaban el número de fallecidos por encima de los 36.500. Estas cifras, según las fuentes consultadas, no incluyen a víctimas enterradas de forma clandestina ni a aquellas trasladadas a hospitales militares, lo que sugiere que el balance final podría ser aún mayor.

Por su parte, The New York Times publicó una reconstrucción detallada de la represión tras verificar cientos de vídeos y entrevistar a testigos, médicos y familiares bajo anonimato. El diario describe disparos desde azoteas, persecuciones con motocicletas, ejecuciones por la espalda y hospitales colapsados que operaban en condiciones propias de un escenario de guerra urbana. Las familias se vieron obligadas a identificar cadáveres a través de fotografías numeradas en centros forenses desbordados.

TIME, citando a dos altos funcionarios del Ministerio de Sanidad iraní, informó de que hasta 30.000 personas podrían haber muerto en las calles en apenas 48 horas, lo que obligó a las autoridades a utilizar camiones de gran tonelaje ante la falta de bolsas mortuorias. Expertos consultados por la revista señalaron que el único episodio histórico comparable por volumen y rapidez sería la masacre de Babyn Yar en 1941.

Pese a la magnitud de las revelaciones, el régimen iraní reconoce oficialmente sólo 3.117 fallecidos, atribuyendo la violencia a supuestas «células terroristas» y acusando a Estados Unidos e Israel de instigar las protestas. Las investigaciones coinciden en advertir de una ocultación sistemática de cadáveres, presión sobre las familias y enterramientos silenciosos, lo que podría impedir conocer nunca la cifra real de víctimas.

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