Directa, como acostumbra -sin ambages- así fue María Corina de contundente al señalar este objetivo como otra etapa transicional necesaria para el salto cuántico hacia el porvenir del país. El desmontaje del sistema factual lo asumimos como propósito vital e impostergable en esta secuencia y suma de pasos estructurados destinados a alcanzar la consolidación del ansiado Estado de derecho y de sus instituciones democráticas.
Hemos sostenido que la transición del país comenzó desde la histórica demostración del 22/10/24; representó aquel hecho el verdadero punto de inflexión del que han surgido, por vía de consecuencia, todos los demás acontecimientos que -en sí mismos- también asumimos como etapas de esta gran gesta: La contundente victoria de 28J, su desconocimiento y el arrebato mediante el ardid de instituciones secuestradas, impuesto a sangre y fuego con una feroz represión que trajo consigo tal vez el peor momento en los anales de nuestra historia política. Vale recordarlo, por aquello de que “la trampa sale”.
El 3 de enero pasado, con sus secuelas, está marcando el paso en esta nueva y compleja etapa de un posmadurismo, que se suponía protagonizado por factores y actores comprometidos con la causa democrática. No fue así, ha quedado en manos de sedicentes maduristas que presumen de tal condición solo para el gozo de sus diezmadas huestes. Su principal soporte y también su mayor debilidad es la obediencia, a pies juntillas, a quien ejerce un control real que hoy condiciona sus conductas. Todo un constructo que muestra la inviabilidad de su permanencia y/o supervivencia política en Venezuela, que les impide salirse tramposamente del guion so riesgo del aceleramiento de su caída.
Sin duda son términos existenciales. La detentación del poder ilegitimo por una funcionaria de facto y sus acólitos, no garantiza que se produzcan las condiciones necesarias que permitan avanzar en el desmantelamiento del sistema; antes por el contrario, para ellos, es cuestión de posicionamiento táctico para demandar impunidad y reconocimiento con miras a mantenerse como referentes políticos -no precisamente democráticos- en los tiempos por venir, todo a contrapelo de la abrumadora voluntad democrática de los venezolanos. El poder secuestrado, ilegítimo por esencia, nunca generará seguridad jurídica.
El definitivo desmantelamiento del sistema bajo el liderazgo de MCM y los aliados es una etapa que nos corresponde. Tenemos que reconstruir institucional y materialmente al país en paz. Ellos no lo harán, su pragmatismo ajeno a cualquier control institucional, es una pantomima que solapa segundas intenciones para avanzar con otros planes en el marco de lo factual, con miras a preservar el poder. El canje de presos como escudos de impunidad por exilios dorados, la amenaza represiva bajo un estado de conmoción, utilizado para criminalizar reivindicaciones populares y la lucha de nuestros jóvenes por el retorno democrático, que solo aplica para inmovilizarnos, nos muestran su verdadera esencia antidemocrática
Deben salir cuanto antes
Víctor A. Bolívar
X@vabolivar


