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Sublime Libertad: Búsqueda Incansable

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Carta Abierta

Venezuela sigue despertando cada día con la misma herida abierta: miles de familias viviendo la angustia de no saber cuándo volverán a abrazar a sus seres queridos, injustamente secuestrados por un régimen que aún gobierna desde el miedo, la represión y la tortura.

A pesar de los discursos, de los anuncios vacíos y de las promesas que se repiten para confundir al mundo, la verdad es una sola: la gran mayoría de los presos políticos sigue tras las rejas. Las cárceles, los centros de reclusión clandestinos y las mazmorras del poder continúan bajo el control de los mismos verdugos, de los mismos sanguinarios lacayos de Nicolás Maduro que han hecho del sufrimiento humano una herramienta de dominación.

En mi caso, son decenas de amigos, hermanos, vecinos y conocidos los que hoy padecen el encierro arbitrario. Cada nombre sigue siendo una herida abierta; cada historia, una prueba irrefutable de la injusticia. Hay detenciones que duelen especialmente por lo burdas, por lo fabricadas, por la crueldad con la que se pretende quebrar a quienes han dedicado su vida a servir y a pensar distinto.

Hoy alzo la voz, una vez más, por Luis Somaza, baruteño de pura cepa, un joven que entregó buena parte de su corta vida al servicio público. Como Concejal representó a miles de vecinos que no tenían voz, caminó calles, escuchó reclamos, tomó decisiones, cometió errores y tuvo aciertos, como todo ser humano, pero dejó una huella profunda incluso entre quienes no compartíamos su camino político.

Su encarcelamiento injusto sigue siendo un acto de venganza, no de justicia. Daña a Luis, pero también castiga cruelmente a sus hijos, a su pareja, a su hermana, a sus padres y a todos quienes lo conocemos como un hombre íntegro, trabajador y comprometido. Cada día que permanece preso es un día robado a su familia y un día más de vergüenza para Venezuela.

Y aun así, del dolor nace una convicción que no han logrado quebrar: la búsqueda incansable de la libertad. La certeza de que no callaremos, de que no normalizaremos la barbarie, de que no descansaremos hasta que la justicia sea real y no una farsa administrada por los mismos represores de siempre.

Hoy seguimos empinándonos, con la fuerza que nos queda y con la dignidad intacta, para exigir a una sola voz:

¡Liberen a Luis Somaza!

¡Liberen a todos los presos políticos!

Porque la justicia no puede seguir secuestrada por el poder.

Porque ningún régimen puede encarcelar para siempre la verdad.

Porque Venezuela no sanará mientras existan presos por pensar distinto.

Y porque la libertad, cuando llegue, deberá ser plena, verdadera y sin olvido.

Héctor Urgelles Fox

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