Carta Abierta
Conozco a Henry Alviárez desde hace algunos años, y desde entonces lo aprecio como se aprecia a una mano amiga: alguien que siempre está ahí, dispuesto a escuchar, a acompañar y a dar lo mejor de sí para que uno se sienta tomado en cuenta.
Henry tiene esa rara virtud que distingue a los hombres nobles: la de anteponer lo humano a lo político. Siempre alegre, jamás de mal humor, es de los pocos dirigentes que conozco más ocupado en servir a las personas que en servirse de la política.
En cada conversación, en cada encuentro, Henry habla de libertad. Es —y sigue siendo— un buscador incansable de ella. Su prisión es el reflejo más doloroso de un régimen que teme a quienes siembran esperanza, a quienes encarnan lo mejor de la Venezuela que viene.
Hoy Henry está secuestrado, pero su voz, aunque intenten silenciarla, resuena más fuerte; su espíritu, lejos de quebrarse, se convierte en una pieza fundamental del engranaje de la nueva Venezuela que nacerá cuando la dictadura sea solo un recuerdo y el país transite, por fin, la ruta de la Sublime Libertad.
Por Henry, por su familia, por sus amigos, por todos los que seguimos creyendo en la justicia y en la dignidad, alzamos la voz con fuerza y sin descanso:
¡Liberen a Henry Alviárez!
¡Liberen a todos los presos políticos!
Porque no hay barrotes que puedan encerrar la verdad, ni dictadura que logre sepultar para siempre la esperanza
Héctor Urgelles Fox



