Vía El Mundo
Se reencontraron en el umbral del apartamento y el abrazo desencadenó otro torrente de la misma energía que mantiene a Venezuela en estado de esperanza nacional. Abogado y defendido, ambos presos de la dictadura hasta hace muy poco, sólo posible en revolución. El periodista Carlos Alberto Rojas (excarcelado dos semanas antes) acudió a saludar a su amigo Eduardo Torres, que había regresado a su casa horas antes desde el penal de Yare II.
El defensor de derechos humanos, profesor en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y miembro de Provea, y Rojas, el activista indomable de la Candelaria, el barrio español de Caracas, fortificaron su amistad en la siniestra cárcel caraqueña del Helicoide, sentenciada hoy a muerte. Antes de que Torres fuera capturado en mayo del año pasado, defendía a su amigo de la injusticia chavista que le mantenía preso.
«No podía dejar de ir a tu casa y agradecerte la lucha y apoyo incansable que llegó al sacrificio de terminar juntos en las celdas del Helicoide ¡Eres un hermano de vida, la dignidad nos hizo libres!«, recordó Rojas emocionado, pese a las medidas cautelares que el régimen mantiene contra todos ellos para evitar que la energía se transforme en protesta.
El Helicoide, cuyo cierre anticipó Delcy Rodríguez en su histórica alocución ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), y que estaba condenado de antemano cuando el 6 de enero Donald Trump lo calificó de «cámara de tortura en pleno centro de Caracas». La misma en la que Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos y asesor electoral de Nicolás Maduro, daba charlas remuneradas sobre derechos humanos mientras a pocos metros se llevaban a cabo las torturas que la han convertido en uno de los principales símbolos de la dictadura.
Tanto Provea como el Foro Penal y otras organizaciones de derechos humanos han hecho saber sus múltiples inquietudes sobre una ley de la que nada se sabe todavía, más allá de lo anunciado por la presidenta encargada del Gobierno de facto. La nueva cabecilla del chavismo reciclado se comprometió a impulsar la amnistía para todo el periodo que va desde 1999, con la llegada del comandante Hugo Chávez al trono del Palacio de Miraflores, hasta estos días intensos que están cambiando la Historia de Venezuela.
Delcy ordenó «máxima celeridad» para que la Asamblea Nacional (AN), el órgano chavista que dirige su hermano Jorge, apruebe la ley que abra de par en par las puertas de los 90 centros de reclusión y malos tratos que la revolución ha dispuesto a lo largo y ancho de Venezuela. Para ello se creó una Comisión de Paz conformada por 15 ministros de Delcy, jerarcas revolucionarios, boliburgueses, operadores oficialistas y un intelectual cercano al ex candidato presidencial Henrique Capriles, sin presencia de la oposición democrática. El juego, para el que los hermanos en el poder cuentan en algún momento con el tercer Rodríguez, José Luis Rodríguez Zapatero, comenzará este lunes.
El hombre fuerte de Delcy en la comisión es Larry Devoe, el consultor jurídico de cabecera de los hermanos. De su pluma saldrán los distintos apartados de la ley, que realmente se escribirá en el Palacio de Miraflores y deberá pasar el escrutinio de Washington antes de ser asumida por la Comisión de Paz y la AN. La experiencia previa con la Ley de Hidrocarburos, que ha reformado de forma sorprendente a la industria petrolera, adelanta que las correcciones de Marco Rubio volverán a tener mucho peso en la disposición final.
«Es como si Delcy Rodríguez hubiera agarrado el plan de gobierno de la oposición», ironiza para EL MUNDO, bajo secreto, uno de los dirigentes opositores que permanecen en Caracas, que alerta sobre la «letra chiquita (pequeña) de la ley».
Ambas leyes, hidrocarburos y amnistía, confirman hasta qué punto Washington teledirige al nuevo Gobierno, pero no desvela qué esconde el chavismo para mantenerse en el poder, que es el primer mandamiento de la Biblia de las revoluciones. La primera carta de los Rodríguez, según expertos en descifrar al oficialismo y antiguos dirigentes bolivarianos, hoy críticos, es sobrevivir de forma numantina, apostarlo todo a la estabilidad y que esta sea tan fructífera para ellos y para el Gobierno de Trump que se olvide el último capítulo que llevaría hasta las elecciones. Para ello cuentan con un declive republicano en las elecciones de medio término de noviembre y la propia coyuntura internacional.
Pero si finalmente hay comicios presidenciales, cuanto más tarde mejor para sus intereses, el plan pasaría por impedir el voto de la diáspora (cerca de seis millones de votantes) y apostar que el 30% obtenido por Maduro en 2024 alcanzaría hasta 15 puntos más gracias a la bonanza económica. Trump citó expresamente un año y medio para reconstruir la industria petrolera (paso previo a la cita electoral) y The Wall Street Journal adelantó ayer que el secretario de Energía trasladó a las petroleras que las elecciones se celebrarían dentro de 18 y 24 meses.
Espectadora de primera línea de este juego de tronos caraqueños es desde este sábado la nueva jefa diplomática de la Embajada de EEUU, quien aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía. La experimentada diplomática Laura Dogu conoce de primera mano cómo se las gastan las dictaduras y los gobiernos izquierdistas de la región, tras su paso por Managua y Tegucigalpa. Fungirá, de momento, como encargada de Negocios en la reapertura de una legación cerrada desde 2019.
«Ahora están dispuestos (los hermanos Rodríguez) a entregar todas las riquezas de Venezuela y liberalizar la economía por la misma razón que antes expropiaron y destruyeron la infraestructura del país: mantenerse en el poder», advierte el analista Jorge Lazo Cividanes.
Los planes de Miraflores y Washington olvidan el verdadero motor de lo que ocurre en Venezuela: la gente. La noticia de la amnistía provocó de inmediato la respuesta de las heroicas madres, en vigilia permanente a las afueras de las cárceles desde el 8 de enero.
Lo sucedido con el canal Venevisión, una de las grandes referencias en el campo audiovisual, dibuja a las claras lo que está en juego hoy en Venezuela. Desde hace más de una década, esta televisión se ha plegado a las órdenes chavistas y ha mantenido bajo censura a la líder democrática, María Corina Machado, que para sorpresa de sus espectadores regresó de forma sorprendente a las pantallas tras su reunión en Washington con el secretario de Estado, Marco Rubio.
La respuesta del régimen ha llegado en las últimas horas: su señal fue sacada a la fuerza de la parrilla de canales nacionales que se ofrecen de forma gratuita en el sistema de televisión digital abierta y satelital.
«¡Democracia y libertad!», gritaron una y otra vez varios de los exprisioneros políticos que acudieron ayer a la Universidad Central de Venezuela (UCV) para ayudar a la colecta solidaria, dirigida a las madres que luchan por la libertad de sus hijos presos, organizada por el Comité por la Libertad de los Presos Políticos (Clippve).


