El panorama político venezolano suele ofrecer espectáculos de equilibrismo retórico, pero pocos tan audaces como el protagonizado recientemente por Freddy Bernal. El gobernador del Táchira, históricamente alineado con el ala más radical y beligerante del PSUV, parece haber archivado —al menos de palabra— su uniforme de combate para sumarse al coro de «reconciliación» que ahora promueve la cúpula madurista.
Bernal, quien en un pasado no muy lejano presumía de lanzadores de misiles Igla-S y amenazaba con fuego a cualquier disidencia, hoy abraza la propuesta de amnistía de Delcy Rodríguez con una docilidad sospechosa.
El cinismo de la falsa equivalencia
Durante una rueda de prensa, Bernal justificó la medida apelando a su propio pasado, intentando trazar un paralelismo entre su participación en el intento de golpe de Estado de 1992 y la situación actual de los presos políticos:
«La ley de amnistía es un mecanismo jurídico político para buscar salidas políticas, así de sencillo«, afirmó Bernal, omitiendo convenientemente que la actual crisis de derechos humanos en Venezuela no nace de una rebelión armada, sino de la persecución sistemática a la protesta civil y el disenso electoral.
«La ley de amnistía no tiene que sorprendernos. La ley de amnistía es un mecanismo jurídico político, ¿verdad?, que tiene cualquier nación para buscar salidas políticas, así de sencillo», comentó Bernal durante una rueda de prensa esta semana.
«Yo, por ejemplo, quiero recordarles, en 1992, nosotros los bolivarianos nos rebelamos contra el Estado anterior y fuimos a la cárcel, ¿verdad? Yo fui parte de eso y el presidente Rafael Caldera, después de dos años declaró una ley de amnistía. Esa ley de amnistía permitió que nosotros no siguiéramos el camino de las armas, sino el camino del voto«, apuntó.
Al citar el perdón que le otorgó Rafael Caldera, Bernal pretende vender la imagen de un chavismo «magnánimo», el mismo que hoy mantiene las cárceles llenas mientras condiciona la libertad a una rendición política total.
Entre la amenaza y el consejo
Resulta contradictorio, por decir lo menos, escuchar lecciones sobre el «camino del voto» de boca de alguien que ha sido señalado reiteradamente por movilizar grupos de choque y usar retórica de guerra. Bernal insistió en que la oposición debe abandonar el «terrorismo», una etiqueta que el oficialismo aplica con generosidad a cualquier actor que ponga en jaque su hegemonía.
El respaldo a la amnistía no parece un gesto de buena voluntad, sino una estrategia de supervivencia ante la presión internacional y el aislamiento del régimen.


