La muerte de Kurt Cobain continúa siendo objeto de controversias y discusiones más de 30 años después. El líder de Nirvana fue hallado sin vida el 5 de abril de 1994 en su residencia de Seattle.
Por: Antonela Rabanal – Infobae
Una herida de escopeta en la cabeza y la presencia de una nota manuscrita llevaron a que la versión oficial determinara suicidio.
Sin embargo, un grupo privado de científicos forenses reabrió el caso en el ámbito académico y mediático, señalando la posibilidad de un homicidio cuidadosamente encubierto.
Impulsados por inconsistencias en la investigación original, un equipo liderado por Brian Burnett, especialista en casos complejos, y la investigadora Michelle Wilkins revisó el material forense y la autopsia de Cobain.
Según Wilkins, apenas tres días después de analizar la evidencia, Burnett tuvo una conclusión definitiva: “Esto es un homicidio. Tenemos que hacer algo al respecto”, reportó Daily Mail.
El informe, sometido a revisión por pares y publicado en la International Journal of Forensic Science, presentó diez elementos clave que desafiaron la hipótesis del suicidio.
Entre los principales argumentos figuró la posibilidad de que Cobain fue forzado a consumir una sobredosis de heroína que lo incapacitó, para luego ser asesinado con la escopeta.
El documento sostuvo que los daños observados en cerebro e hígado, así como la apariencia de hipoxia en órganos, “no ocurren en una muerte instantánea por escopeta, sino en una sobredosis prolongada”, según Wilkins.
La respuesta del King County Medical Examiner’s Office fue categórica.
Desde la institución se afirmó que la investigación fue exhaustiva, con autopsia completa y colaboración policial, y que solo la aparición de pruebas nuevas y concluyentes justificaría reabrir el caso.
Un portavoz oficial aseguró a Daily Mail que no se presentó evidencia de ese tipo hasta el momento.
La autopsia indicó que el cuerpo de Cobain apareció en el invernadero sobre el garaje, rodeado de elementos dispuestos con precisión.
Wilkins sostuvo que la escena parecía “coreografiada”, con el recibo del arma y de los cartuchos en el bolsillo, y los cartuchos alineados a los pies del cadáver.
Este orden, sumado a otros detalles, fue interpretado como un intento deliberado de reforzar la versión oficial de suicidio.
El informe independiente resaltó varios aspectos anómalos. La limpieza de la escena y del propio cuerpo de Cobain llamó la atención del equipo forense.
Uno de los puntos más citados fue la ausencia de sangre en la mano izquierda, situada junto al cañón del arma, algo inusual en suicidios por escopeta en la cabeza.
Los especialistas afirmaron: “No existe ningún escenario en el que esa mano no esté cubierta de sangre”.
El kit de heroína hallado junto al cuerpo, con jeringas tapadas y utensilios ordenados, resultó otro elemento sospechoso.
Wilkins argumentó que resultaba improbable que alguien bajo los efectos de una dosis diez veces superior a la habitual —como reflejaron los análisis— tuviera la destreza para limpiar y recoger los instrumentos antes de morir.
Además, la escopeta Remington pesaba cerca de tres kilogramos, lo que dificultaría que Cobain, en estado comatoso, pudiera manipularla y accionar el disparo.
La posición del cartucho expulsado tampoco coincidió con el funcionamiento habitual del arma ni con la ubicación del cuerpo.
El equipo replicó la escena y concluyó que, con la mano en el cañón, el arma ni siquiera habría expulsado un cartucho en la posición hallada.
La autenticidad de la nota encontrada junto al cuerpo también fue revisada.
Wilkins distinguió dos partes: la superior, atribuida a Cobain, no mencionaba el suicidio y se enfocaba en aspectos personales y musicales; los últimos renglones, en cambio, presentaron diferencias de caligrafía y tono, lo que sugiere que podrían haber sido añadidos posteriormente.
Otro elemento relevante resultó del análisis de los patrones de sangre: según Wilkins, la gran mancha en el extremo inferior de la camiseta solo se explicó si el cuerpo fue movido, colocando la cabeza hacia abajo después de la muerte.
La ausencia de sangre en otras zonas del torso y en la mano izquierda reforzó la hipótesis de manipulación posterior.
Las solicitudes formales para reabrir el caso fueron rechazadas tanto por la policía de Seattle como por la oficina forense.
Wilkins insistió en que su objetivo no era señalar culpables, sino garantizar transparencia: “Si estamos equivocados, solo pedimos que nos lo demuestren”.
El expediente Cobain ocupó un lugar destacado en discusiones públicas.


