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El humorista Emilio Lovera le hizo un «fatality» al historiador Elías Pino… sin culpa pero con todo

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No cabe duda que en Twitter se suelen sacar los «trapitos sucios» a remojar. En el #SerVzla de hoy, nos topamos con la «disputa» entre el historiador Elías Pino, que desempolvó a la Radio Rochela peyorativamente, y obtuvo una respuesta de uno de sus más prolíficos humoristas.

Por: Morfema Press

El historiador Elías Pino, quien firmó el manifiesto de bienvenida a Fidel Castro en el año 1989, fue fustigado por señalar a parte de la programación de la Radio Rochela como «porquería impresentable».

La Radio Rochela fue una serie de televisión venezolana enfocada en la comedia, producida y transmitida por Radio Caracas Televisión, primer canal venezolano de televisión desde 1953.

Todos los lunes a las 8:00 p. m desde los años sesenta a nivel nacional, hasta que Chávez se molestó mucho por la crítica y cerró las operaciones del canal en el año 2007, la Radio Rochela fue un momento de unión familiar.

Un «fataility» era la manera de acabar con un enemigo de manera rocambolesca en uno de los mejores videojuegos de los años noventa. Se ejecutaba mediante una secuencia de botones, pero tenía requerimientos adicionales: solo se llevaban a cabo al finalizar el combate.

Emilio Lovera soltó su opinión como buen venezolano, o enano colombiano (chiste rochela), en respuesta al las palabras «porquería impresentable»; con toda la verdad en sus manos.

«Lo bueno de las porquerías impresentables es que no eran parte de un programa educativo, ni siquiera informativo, solo del 1.5 % de la programación, que era lo recreativo.»

A nuestro querido Emilio se le olvidaron las «comas explicativas»…. («que tenía muchas porquerías impresentables»), pero soltó muchas verdades que a un «firmante pro Castro» tal vez le haga infarto en su rojo corazón del pueblo.

Lo bueno de las porquerías impresentables es que no se anunciaban como lo que había de aprenderse y tomar como cierto o como ejemplo. Lo bueno de las porquerías impresentables es que ridiculizaban al asesino, al ladrón y al corrupto, vengándonos de la única forma que podíamos, de los criminales que sabíamos jamás pagarían sus desmanes en un sistema judicial corrupto. Lo bueno de estas porquerías impresentables es que le daban a los espectadores un descanso semanal gratuito de una hora para desestresarse y reírse, con lo que mejoraban su disposición a seguir la lucha diaria. Lo bueno es que pasé 26 años haciendo porquerías impresentables y a pesar de eso, no tantos me recuerdan como porquería. Lo malo es que ya no tenemos esas porquerías impresentables una vez a la semana, las tenemos 24 horas al día en las redes sociales, en la vida, y en las voces de quienes, de vez en cuando, intentan redimirse en Twitter. Lo mejor de las porquerías impresentables es que todo era en broma, nada en serio.

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