Durante casi dos décadas, el eje Caracas-Teherán fue el pilar de la resistencia “antiimperialista” en el hemisferio occidental. Sin embargo, tras el inicio de la campaña militar de Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en Irán el pasado fin de semana, la respuesta del Palacio de Miraflores ha pasado de la retórica incendiaria a una cautela de “silencio pragmático”.
Por: Ana María Rodríguez Brazón – El Tiempo
La Cancillería venezolana emitió un comunicado el 28 de febrero en el que lamentó la “opción militar” en el conflicto y no mencionó a Estados Unidos ni a Israel. Con ello, la intensidad de la defensa venezolana hacia su aliado histórico ha disminuido notablemente.
Este cambio de tono ocurre en un momento de extrema fragilidad para el gobierno venezolano, marcado por la reciente captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero y una presión internacional que ha forzado a la administración de Delcy Rodríguez a recalcular sus alianzas y a llamar “amigo” a Estados Unidos.
Una alianza en cuidados intensivos
La relación entre Irán y Venezuela, que alcanzó su cénit con el intercambio de petróleo por diluyentes y soporte técnico para las refinerías, parece estar bajo revisión. Fuentes diplomáticas sugieren que Caracas está intentando evitar molestar a Estados Unidos. Más que deslealtad hacia Irán, se trata de supervivencia, ya que saldría beneficiada con el aumento de los precios del crudo.
La alianza antiimperialista parecía fortalecerse, pero ya en junio de 2025 Washington tenía el ojo puesto en ella.
Ese mes, la administración de Donald Trump atacó tres instalaciones nucleares en Irán —Natanz, Fordow e Isfahán— y Caracas lo calificó como un “acto de agresión ilegal, injustificable y extremadamente peligroso”. Además, el chavismo desplegó su maquinaria comunicacional para desprestigiar la operación estadounidense.
En ese momento también incrementó la campaña en contra de Israel y se realizaron marchas en Caracas en apoyo a Irán y Palestina, encabezadas por el ministro del Interior, Diosdado Cabello.
La élite militar también mostró su respaldo a Irán. El comandante estratégico operacional de la Fuerza Armada, Domingo Hernández Lárez, visitó la embajada de Irán en Venezuela y, junto al embajador Ali Chegini, gritaron consignas de “viva Irán, viva Venezuela, viva Chávez, viva Nicolás Maduro”.
Pero esta vez el silencio ha sido el protagonista. Este martes, varias personas marcharon en Caracas hasta la sede de la embajada iraní.
La actividad fue organizada por la Plataforma Internacional de Solidaridad con la causa Palestina. El embajador Ali Chegini recibió a las personas.
A pesar de la iniciativa, se desconoce si hubo apoyo del Gobierno.
La cooperación entre ambos países era tan fuerte que Ebrahim Raisi (quien murió en 2024 en un accidente de helicóptero) estuvo en Caracas en 2023 y firmó, junto a Maduro, diversos acuerdos con el fin de reforzar la cooperación ante “enemigos comunes”, según dijo.
“La relación entre Irán y Venezuela no es una relación diplomática normal, sino una relación estratégica entre dos países que tenemos intereses comunes, visiones comunes y enemigos comunes”, expresó Raisi en una declaración junto a Maduro, en la que cifró en 3.000 millones de dólares anuales el comercio bilateral y aseguró que la meta es llevarlo, en principio, a 10.000 millones.
“Irán está jugando un papel estelar como una de las potencias emergentes más importantes del mundo nuevo”, dijo Maduro. “¡Juntos seremos invencibles!”, clamó el gobernante socialista con una imagen al fondo de las banderas de Venezuela e Irán fusionándose en una sola.
Caracas prefiere mantenerse al margen
Por el momento, la presión estadounidense parece haber hecho que Caracas prefiera mantenerse al margen.
Reconfiguración interna: Tras la captura de Maduro el 3 de enero de 2026, el enfoque de Miraflores se ha volcado totalmente a la estabilidad doméstica y a mantener los canales de comunicación abiertos con Washington.
El factor Trump: La administración estadounidense ha sido clara en que cualquier apoyo activo a Teherán será interpretado como una agresión directa.
Dependencia energética: Aunque Irán fue el salvavidas de PDVSA, el riesgo de que la infraestructura iraní sea desmantelada obliga a Venezuela a buscar nuevos socios o estabilizar su producción sin depender de la ingeniería persa. Irán proporcionó diluyentes a la industria venezolana y apoyó con flotas fantasma el comercio petrolero.
La narrativa oficial de Caracas ha mutado hacia un llamado genérico a la “paz mundial” y a la “vía diplomática”, alejándose de la retórica de combate que caracterizó la era de la “alianza estratégica integral”.


