La comprensión del siguiente análisis está conectada desde que Venezuela emprendió su lucha independentista por el siglo XVIII, lo hizo con un afán de cambio. Desde ese primer momento histórico a la fecha, nuestro país nunca ha renunciado en su incansable búsqueda de cambios. Pero si somos honestos, los mayores problemas a cambiar son de modelos enfocados en un verdadero sistema democrático, económico, cultural y mental.
Todos los gobiernos democráticos, instituciones y organismos que han mediado en Venezuela coinciden en que la solución a la crisis política debe ser democrática y electoral. Foucault dice que “todo poder es un modo de acción de unos sobre otros. Se ejerce el poder cuando unos individuos son capaces de gobernar y dirigir conductas. Conducir conductas implica gobernar, y gobernar constituye la forma más acabada del poder”.
Para nadie es un secreto, Venezuela vive dentro de un agotamiento de fórmulas gubernamentales centradas en el populismo estratégico, frente a un ciudadano que se identifica más con un escenario de cambio gobierno, a través de la vía democrática y constitucional como son las elecciones presidenciales o generales, como alternativa para resolver la problemática política inmediatas, ante un discurso ideológico trasnochado, sin visión de futuro, deslizándose en lo aburrido y repetitivos que encuentran rechazo casi unánime por parte de 80%. Esta realidad porcentual, representa la mayoría de los venezolanos. La situación del país está conectada a una crisis económica en ascenso por ahora indetenible, como consecuencia de un modelo económico reconfigurado sobre la base de un incomprensible neo marxismo, articulado en su dinámica con la aproximación a la ingobernabilidad y la corrupción, teniendo como consecuencia inevitable el fracaso en lo económico y social.
Caracterizando nuestra crisis de gobernabilidad democrática, se revela en 27 años se construyeron muchos entramados y potenciados por la ausencia de decisiones de las instituciones para solucionar democráticamente los conflictos localizados y que ponen en evidencia las tensiones existentes entre los requisitos de la democracia y los de la gobernabilidad.
En opinión de muchos mandatarios democráticos, aseguran que la solución a la crisis política debe venir de parte de los mismos venezolanos, a través de negociaciones integrales lideradas por los propios actores políticos y con la participación de todas las partes interesadas. Además, son del criterio que uno de los mecanismos para lograr un acuerdo es a través de elecciones presidenciales.
El análisis de la situación política en Venezuela post 3 de enero de 2026 revela un escenario de ruptura sistémica que ha transformado profundamente el tablero geopolítico y doméstico. Este hito no solo marca el fin de la continuidad de Nicolás Maduro en el ejercicio directo del poder, sino que inaugura una transición de naturaleza ambigua y compleja. Existe una verdad legitimidad vs. realidad de Fuerza, mientras la oposición democrática mantiene la legitimidad social basada en el 28J, el gobierno de transición de Delcy Rodríguez detenta el control territorial y administrativo. La importancia de unas elecciones en Venezuela trasciende el simple ejercicio del voto; representa el mecanismo crítico para la resolución de una crisis multidimensional (política, económica y social) que ha afectado la estabilidad regional.
Ahora bien, tras los eventos de 3 enero de 2026, la importancia de las elecciones ha pasado de ser una «promesa democrática» a una necesidad de supervivencia sistémica. Ya sea para validar una transición o para ratificar un nuevo orden, el voto sigue siendo el único sello que permite la estabilidad a largo plazo. La realización de las elecciones presidenciales en Venezuela en 2026 son un momento crucial que puede definir el rumbo del país en los próximos años. Los resultados tendrán implicaciones significativas no solo para la política interna, sino también para la situación económica, social y las relaciones internacionales de Venezuela. La participación de la ciudadanía, así como el respeto por la integridad del proceso electoral, serán fundamentales para lograr un futuro más estable y democrático.
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