La policía escocesa ha advertido de que las violaciones se encuentran en el «nivel más alto registrado», en un contexto de fuerte incremento de la delincuencia sexual en el país durante el último año.
Entre abril y diciembre, se contabilizaron 12.267 delitos de carácter sexual, lo que supone un aumento cercano al 15% respecto al mismo periodo del ejercicio anterior. Dentro de ese total, las agresiones más graves alcanzaron las 2.241 denuncias, es decir, 169 más que en el año precedente, según el informe presentado ante el comité de supervisión de la Autoridad Policial Escocesa.
Uno de los datos más estremecedores del balance afecta a menores: 98 niñas menores de 13 años fueron víctimas de violación, una cifra que crece más de un 36% interanual y que representa el nivel más alto de los últimos tres años. También se registraron incrementos en los casos que afectan a adolescentes de entre 13 y 15 años, tanto en chicas como en chicos, así como en niños por debajo de esa edad.
El informe subraya que este tipo de delitos ha ganado peso dentro del conjunto de infracciones sexuales, hasta el punto de representar cerca de una quinta parte del total. Además, casi el 60% de las violaciones denunciadas —1.298 casos— se produjeron en entornos domésticos, aunque las autoridades reconocen que la cifra real podría ser aún mayor debido a fallos en los registros.
A nivel territorial, ocho de las trece divisiones policiales experimentaron un aumento de estos delitos. El mayor volumen se concentró en el área del Gran Glasgow, con 394 casos, seguida de Tayside (230) y Lanarkshire (224).
El repunte de estos delitos coincide con la polémica generada por la aplicación de medidas alternativas a la vía judicial en algunos casos. Entre julio de 2023 y noviembre del pasado año, 13 denuncias por violación fueron desviadas de la fiscalía, mientras que otras siete siguen pendientes de resolución. Estos mecanismos, concebidos inicialmente para infracciones menores como el vandalismo o pequeños robos, han comenzado a utilizarse también con jóvenes acusados de delitos graves, permitiéndoles acceder a programas terapéuticos en lugar de enfrentarse a un juicio.
Desde la policía, el subcomisario Alan Spears defendió que el aumento de las cifras puede estar vinculado, en parte, a una mayor disposición de las víctimas a denunciar, pese a que un elevado porcentaje de los delitos son cometidos por extranjeros. Aun así, reconoció la gravedad de la situación y destacó que más de la mitad de los casos incluyen un componente doméstico. «Las mujeres y las niñas deben poder vivir sin miedo a la violencia, el acoso o la explotación», señaló, subrayando la importancia de un enfoque centrado en el trauma desde el primer contacto con las víctimas.
Las reacciones políticas no se hicieron esperar. El portavoz de Justicia de los conservadores escoceses, Liam Kerr, calificó los datos de «profundamente alarmantes» y acusó al Gobierno del SNP de debilitar el sistema judicial, lo que, a su juicio, ha reducido la seguridad en las calles y la protección a las víctimas. En su opinión, es necesario reforzar la presencia policial y garantizar que los agresores afronten todas las consecuencias legales.
En la misma línea crítica, la portavoz laborista de Justicia, Pauline McNeill, describió las cifras como «espeluznantes» y advirtió de que evidencian un problema estructural en la sociedad escocesa. También mostró su preocupación por la presión económica que sufren los centros de atención a víctimas de violación y reclamó una investigación urgente sobre las causas de este incremento, así como más recursos para prevención y apoyo.
Por su parte, la secretaria de Justicia, Angela Constance, admitió que cualquier aumento de este tipo de delitos resulta inquietante y calificó de «abominables» estos crímenes, que en su mayoría afectan a mujeres y niñas. Defendió la estrategia gubernamental para combatir la violencia de género y apuntó que parte del crecimiento de las cifras podría explicarse por una mayor confianza en el sistema, lo que anima a denunciar.


