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Frank Zimmerman, experto en Cuba: “La pregunta decisiva no es si cae Díaz-Canel, sino si empieza a resquebrajarse el verdadero sistema de mando”

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Vía El Libero

De visita en Chile para presentar su libro “12 mitos sobre Cuba: del relato al dato”, el asesor senior del Adam Smith Center for Economic Freedom señala que la situación que atraviesa la isla “es la expresión más cruda de un colapso estructural incubado durante décadas” de dictadura y que el Presidente Donald Trump “está actuando como un factor de aceleración, y hay que reconocerle el mérito”. Eso sí, sostiene que la presión que está ejerciendo por estos días Estados Unidos debe ir acompañada de “una visión seria del día después”.

Frank Zimmerman nació en Cuba en 1957, poco más de un año antes del derrocamiento de Fulgencio Batista por parte de las fuerzas comandadas por Fidel Castro.

Su familia nunca acompañó el proceso revolucionario y, cuando tenía 22 años, pudo salir de la isla rumbo a Estados Unidos. Luego residió en España, Israel y Argentina, en lo que él describe como un período de “desintoxicación de todo lo mal aprendido cuando uno es criado en estos laboratorios”. Actualmente vive en Miami, es máster en Lengua y Literatura del City College de Nueva York y se desempeña como asesor estratégico senior en el Adam Smith Center for Economic Freedom de la Florida International University.

De visita en Chile hace unos días, Zimmerman presentó su libro 12 mitos sobre Cuba: del relato al dato”, que cuenta con un prólogo del ex canciller Roberto Ampuero, recientemente nombrado por el Presidente José Antonio Kast como embajador de Chile ante las Naciones Unidas.

La obra, que ya va en su tercera edición, desmonta las narrativas que han sostenido al régimen cubano durante más de seis décadas. Los mitos que aborda son: Colonia de Estados UnidosFidel: redentor de los pobresChe Guevara: héroe de los oprimidosLa revolución de los humildes… para los humildesCuba es una democracia… ¡diferente!Educación gratuita y universalLa revolución impulsó la culturaLa isla de la igualdadPotencia médica solidariaEl bloqueo, principal obstáculo al desarrolloFaro antiimperialista; y País en ruinas, no una amenaza.

En conversación con El Líbero, Zimmerman analiza la situación que atraviesa la isla tras 67 años de dictadura marxista-leninista, el agudizamiento de la crisis energética luego de la caída de Nicolás Maduro en Venezuela —principal sostén económico y energético de Cuba por más de dos décadas—, y las negociaciones de Miguel Díaz-Canel con Estados Unidos en un escenario de creciente presión interna y externa.

-¿Cómo está viendo la crisis actual de Cuba con los apagones y escasez de los últimos meses?

-La veo como la expresión más cruda de un colapso estructural incubado durante décadas. Los apagones no son una falla pasajera, sino el resultado de más de medio siglo de destrucción de incentivos, desinversión, centralización extrema y una economía subordinada a la supervivencia política del régimen. El apagón nacional del 16 de marzo, el tercero de gran magnitud en cuatro meses, confirma que el sistema ya no puede sostener funciones básicas de una sociedad modernaCuba no vive una coyuntura: vive el agotamiento de un modelo.

-¿A qué puerto cree que llevarán las conversaciones que están teniendo Cuba y EE.UU.?

-Creo que, por ahora, esas conversaciones no apuntan a una normalización, sino a una negociación bajo presión. El régimen necesita tiempo, combustible y margen de maniobra. Washington parece entender que la vulnerabilidad del sistema es real y que este es el momento de exigir más. No se trata de un diálogo técnico, sino de una pulseada política: Estados Unidos busca cambios y La Habana procura oxígeno sin ceder poder. Si algo emerge, será una descompresión táctica o una apertura condicionada.

-¿Cómo evalúa el rol que está teniendo el Presidente Donald Trump en esto?

Trump está actuando como un factor de aceleración, y hay que reconocerle el méritoNo creó la crisis cubana, porque esa crisis es hija directa del castrismo, pero sí ha elevado de forma estratégica el costo de la supervivencia del régimen. Hasta ahora, ha sido el único Presidente que ha abordado el tema con una visión más clara e informada, en gran parte por la presencia clave de Marco Rubio, una figura sin precedentes al frente de esa política por su conocimiento de la región y, en especial, de Cuba. Esa presión es necesaria, aunque deberá ir acompañada de una visión seria del día después.

-¿Cree que estamos cerca de ver el derrumbe de Miguel Díaz-Canel?

-Algo importante a tener en cuenta es que el problema no es Díaz-Canel. Díaz-Canel es una figura sin poder real, prescindible, colocada ahí -puesto a dedo como le dicen-, para absorber desgaste y, si hace falta, ser sacrificada sin poner en riesgo al sistema. En Cuba, el poder efectivo no está en la presidencia visible, sino en el núcleo duro del régimen, encabezado por Raúl Castro y sostenido por mandos históricos, redes familiares, el partido y las Fuerzas Armadas. La pregunta decisiva no es si cae Díaz-Canel, sino si empieza a resquebrajarse el verdadero sistema de mando.

-¿Si hay un derrumbe sería como lo que vimos en Venezuela o algo más radical?

Si hay un movimiento en la cúpula, lo más probable al inicio no es una ruptura limpia, sino un recambio controlado, como quitar una cara visible para preservar la estructura real del poder. Sacrificar a Díaz-Canel sería fácil, precisamente porque no encarna el sistema, apenas ponen su cara al frente como quien lo administra. El riesgo es confundir ese relevo con un cambio real, cuando podría ser solo continuidad maquillada. Solo creería que está ocurriendo algo radical si viéramos fractura militar-partidista, quiebre entre clanes y presión social sostenida imposible de contener.

-¿Qué escenarios de transición política ve posibles para Cuba en los próximos años?

Veo cuatro escenarios posibles: una continuidad agónica del régimen; un recambio interno con maquillaje reformista; una apertura económica controlada, sin pluralismo real; y, como opción deseable, una transición auténtica, con liberación de presos políticos, incluida la de figuras como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo, sin forzarlos al exilio. Estas dictaduras funcionan como máquinas de encarcelamiento: siempre conservan miles de presos como reserva de chantaje y canje. A eso habría que sumar oposición legal, apertura del espacio cívico, garantías jurídicas y elecciones libres. El problema es que el régimen solo ha aceptado cambios para durar, no para transformarse. La cuestión no es si habrá transición, sino si será real o solo otro teatro con caras nuevas.

-¿Qué lo motivó a escribir 12 mitos sobre Cuba?

-Me motivó la necesidad de desmontar una gran estafa narrativa de alcance universal. Durante décadas, Cuba ha sido presentada al mundo como símbolo romántico, reserva moral y mito exportable. Pero detrás de esa escenografía hay represión, ruina, miedo, exilio y un aparato de propaganda extraordinariamente eficaz. Quise escribir este libro para contrastar relato y realidad, mito y dato, y para mostrar cómo una dictadura ha logrado venderse durante tanto tiempo como epopeya.

La semana pasada tuve la oportunidad de presentarlo en Chile, en medio de un contexto de gran interés por las ideas de la libertad y el cambio político. Participé en distintos eventos que se realizaron alrededor del cambio de poder y en el evento de la creación de la Cátedra Sebastián Piñera en la UDD.

Finalmente, el viernes 13 de marzo, presenté mi libro en la Fundación para el Progreso, con su apoyo y de la Red de Jóvenes Cubanos por Cuba Democrática. Fue un evento muy concurrido, con una audiencia mayoritariamente joven, y algo para mi especialmente significativo fue contar con la presencia de Roberto Ampuero, ex canciller de Chile y autor del prólogo. Eso confirma que este no es solo un tema cubano, sino latinoamericano.

-¿Cuál de los mitos que se exponen en su libro cree que ha sido el más eficaz para sostener al régimen durante más de seis décadas y tener la simpatía de la izquierda regional y mundial?

-Creo que los mitos más decisivos son los que definen la esencia misma del régimen que ellos llaman “revolución”: la idealización de Fidel Castro y del Che Guevara, la supuesta excelencia de la educación y la salud, y, sobre todo, el mito del “bloqueo” como explicación universal de todos los males cubanos. Ese ha sido el relato más eficaz, porque le ha permitido al régimen convertir cada fracaso interno en agresión externa, cada escasez en excusa, cada crítica en conspiración y cada protesta en traición.

Mientras el mundo discute el embargo, el castrismo evita rendir cuentas por la destrucción de la economía, la persecución política y la expulsión sistemática de millones de cubanos. Incluso hoy, cuando existe una presión externa más severa que en otros momentos, eso no explica siete décadas de crisis.

La economía cubana no ha sido solo mal gestionada: ha sido deformada por diseño, porque estos sistemas necesitan administrar pobreza, dependencia y miedo para poder mantenerse en el poder.

-¿Qué le diría a los jóvenes latinoamericanos que aún ven a Cuba como un símbolo romántico?

-Les diría que desconfíen de toda épica que necesita censura, policía política y presos para sostenerse. Desde lejos, una dictadura puede parecer un símbolo atractivo; desde dentro, es apagón, racionamiento, vigilancia, miedo y falta de futuro.

Cuba no necesita admiradores a distancia, sino gente dispuesta a mirar la realidad sin filtros ideológicos. Que romanticen menos el uniforme y escuchen más a quienes han vivido bajo ese sistema. Porque cuando una revolución necesita prohibir para sobrevivir, deja de ser promesa y se convierte en cárcel.

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