La impactante entrevista que publicamos hoy con la opositora democrática hispanovenezolana Catalina Ramos, que pasó nueve meses encarcelada por motivos políticos en la terrible prisión del Helicoide, es un documento trascendental que deja al descubierto los métodos inhumanos de un régimen que sigue ostentando ilegítimamente el poder en Venezuela. También es un fiel reflejo del inmenso coraje que demuestran quienes luchan por recuperar las libertades.
Editorial El Mundo
El relato de Ramos, muy cercana a la Nobel de la Paz María Corina Machado y referente de las asociaciones civiles que demostraron el fraude electoral de Nicolás Maduro, dejan claro que el aparato represor de la dictadura funciona con total impunidad. A Ramos no le dejaban llamar a su familia y dormía hacinada junto a otras mujeres en condiciones infrahumanas. Por desgracia, la maquinaria opresora que propició ese maltrato ha logrado perpetuarse tras la extracción de Maduro. Delcy y Jorge Rodríguez, responsables de encarcelar a Ramos, continúan al frente de una dictadura cuya estructura policial y judicial permanece intacta. Quienes hoy vigilan la libertad condicionada de los presos liberados son los mismos que los encarcelaron.
La persistencia del régimen, que ha instrumentalizado a su conveniencia la amnistía impuesta por Donald Trump y aún mantiene a casi 500 personas encarceladas, explica en gran medida por qué ningún preso político de nacionalidad española había hablado hasta ahora: el terror chavista continúa vivo, por lo que no cabe sino mostrar el máximo respeto por la decisión personal de quienes han sufrido el horror de sus prisiones. De esta forma, el excepcional testimonio de Ramos sirve para dar voz a todos los presos políticos que han sufrido torturas y vejaciones por intentar llevar la libertad a su país, e interpela especialmente a las autoridades españolas, que se apresuraron a pedir que se levantaran las sanciones contra Delcy. Aunque se ha anunciado el cierre del Helicoide, la brutalidad de la dictadura que hoy lidera la jerarca chavista se mantiene intacta.


