El cáncer de cuello uterino: un enemigo prevenible que la ciencia y la salud pública pueden derrotar. Es el cuarto más frecuente entre las mujeres a nivel mundial, se desarrolla en las células del cuello del útero y es causado principalmente por la infección persistente con ciertos tipos de alto riesgo del virus del papiloma humano (VPH).
En sus etapas iniciales suele ser asintomático, lo que lo hace especialmente peligroso si no se detecta a tiempo. Sin embargo, cuando progresa sin tratamiento, puede invadir otras partes del cuerpo y poner en riesgo la vida de la paciente.
Afortunadamente, este es uno de los pocos cánceres que se puede prevenir de manera efectiva y curar con alta probabilidad si se detecta temprano. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando el diagnóstico ocurre en etapas iniciales, la tasa de supervivencia a cinco años supera el 90%. El tratamiento varía según el estadio: en fases tempranas, procedimientos quirúrgicos como la conización o la histerectomía pueden ser suficientes. En casos avanzados, se combinan radioterapia, quimioterapia e, cada vez más, inmunoterapia, que ha mostrado resultados prometedores al potenciar el sistema inmunológico para combatir las células cancerosas.
La prevención es la gran arma contra esta enfermedad. La vacunación contra el VPH, idealmente administrada antes de los 15 años, ha demostrado reducir de forma significativa las infecciones por VPH y, con ello, la incidencia de cáncer cervical. Complementan esta estrategia las pruebas de detección temprana, como el Papanicolaou (Pap) y, preferentemente, el test de VPH, que permiten identificar y tratar cambios celulares precancerosos antes de que evolucionen a cáncer. En los países donde estos controles son rutinarios, tanto la incidencia como la mortalidad han disminuido drásticamente en las últimas décadas.
Además, prácticas como el uso consistente de preservativos ayudan a reducir la transmisión del VPH, aunque no lo eliminan por completo. La OMS destaca también la importancia del apoyo psicológico y social para las pacientes y sus familias, ya que la enfermedad genera un fuerte impacto emocional y social más allá de lo físico.
A pesar de los avances, persisten grandes desigualdades. En países de ingresos bajos y medianos —donde ocurre la gran mayoría de los casos y muertes—, las mujeres enfrentan barreras económicas, logísticas y de acceso a servicios de salud de calidad. En la Región de las Américas, por ejemplo, en 2022 se registraron más de 79.000 nuevos casos y más de 40.000 muertes por esta causa, con tasas de mortalidad tres veces más altas en América Latina y el Caribe que en Norteamérica.
Consciente de esta realidad, en 2020 la OMS lanzó la Estrategia Global para la Eliminación del Cáncer de Cuello Uterino como problema de salud pública. La meta es ambiciosa pero alcanzable, reducir la incidencia a menos de 4 casos por cada 100.000 mujeres. Para ello, propone las metas “90-70-90” para 2030:
- Vacunar al 90% de las niñas contra el VPH antes de los 15 años.
- Realizar pruebas de detección de alta precisión al 70% de las mujeres (a los 35 y 45 años).
- Tratar al 90% de las mujeres diagnosticadas con lesiones precancerosas o cáncer.
Si se cumplen estas metas, se podrían evitar decenas de millones de casos y muertes en las próximas décadas. Expertos coinciden en que fortalecer los sistemas de salud, garantizar acceso equitativo y promover la educación son claves para convertir esta estrategia en realidad.El cáncer de cuello uterino no tiene por qué seguir cobrando vidas. Con vacunación, detección oportuna y tratamiento adecuado, su eliminación está al alcance de esta generación.


