Algunas viejas verdades sobre la guerra han estado golpeando la puerta del Despacho Oval en el mes desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, enviaron aviones de combate estadounidenses e israelíes a bombardear Irán.
Por: Jeremy Bowen – BBC
La incapacidad de aprender del pasado significa que Donald Trump se enfrenta ahora a una disyuntiva determinante. Si no logra alcanzar un acuerdo con Irán, puede intentar declarar una victoria que no engañará a nadie, o bien escalar la guerra.
La más antigua de esas viejas verdades proviene del estratega militar prusiano Helmuth von Moltke el Viejo: «Ningún plan sobrevive al primer contacto con el enemigo». Escribía esto en 1871, el año en que Alemania se unificó como imperio, un momento que fue tan decisivo para la seguridad de Europa como esta guerra podría serlo para la seguridad de Medio Oriente.
Quizás Trump prefiera la versión moderna del boxeador Mike Tyson: «Todo el mundo tiene un plan hasta que recibe un golpe».
Aún más relevantes para Trump resultan las palabras de uno de sus predecesores, Dwight Eisenhower, el general estadounidense que comandó los desembarcos del Día D en 1944 y que ejerció dos mandatos como presidente republicano de EE.UU. en la década de 1950.
La versión de Eisenhower decía: «Los planes no valen nada, pero la planificación lo es todo». Con ello quería decir que la disciplina y el proceso de elaborar planes para librar una guerra hacen posible cambiar el rumbo cuando ocurre lo inesperado.
Para Trump, ese factor inesperado ha sido la resiliencia del régimen de Irán. Al parecer, él esperaba que se repitiera la operación relámpago mediante la cual el ejército estadounidense secuestró en enero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores.
Ambos se encuentran ahora detenidos en Nueva York a la espera de juicio. La vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, lo ha sustituido en la presidencia y acata órdenes de Washington.
El aforismo de Eisenhower sobre la importancia de planificar con anticipación surgió en un discurso de 1957. Había sido el responsable de planificar y comandar la mayor operación militar anfibia de la historia, el desembarco de Normandía, así que sabía de lo que hablaba.
Explicó que, ante una emergencia inesperada, «lo primero que hay que hacer es desechar todos los planes y empezar de cero. Pero si no se ha planificado, no se puede empezar a trabajar, al menos no de forma inteligente».
«Por eso es tan importante planificar, para mantenerse al tanto de la naturaleza del problema que algún día se nos pueda pedir que resolvamos o que ayudemos a resolver».
Lejos de capitular o colapsar tras el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, en el primer ataque aéreo de la guerra, a manos de Israel y Estados Unidos, el régimen de Teherán sigue funcionando y contraatacando. Está jugando bien sus cartas, a pesar de su debilidad.
Por el contrario, Trump ha dado la impresión de improvisar sobre la marcha. Se guía por su intuición, no por las páginas de inteligencia y asesoramiento estratégico que otros presidentes han estudiado a fondo.


