El CEO de BlackRock, Larry Fink, ha reconocido por primera vez que la «agenda woke» fue un experimento mundial fallido, en un mensaje que apunta a un cambio profundo en la forma en la que las grandes corporaciones están redefiniendo sus prioridades.
Durante años, el mundo empresarial ha estado dominado por conceptos como ESG (criterios ambientales, sociales y de gobernanza) o DEI (diversidad, equidad e inclusión), que marcaron la estrategia de inversión de numerosas multinacionales. Sin embargo, el propio Fink ha admitido ahora que ese enfoque pudo haberse llevado demasiado lejos, alejando a algunas compañías de su objetivo principal: generar beneficios.
Este giro no es simbólico. Supone una reorientación clara hacia el pragmatismo económico. En lugar de priorizar elementos reputacionales o ideológicos, las empresas vuelven a centrar sus decisiones en la rentabilidad, el crecimiento y la eficiencia, en un contexto global cada vez más competitivo.
Uno de los ámbitos donde este cambio resulta más visible es el energético. La nueva postura apuesta por una combinación más equilibrada entre fuentes tradicionales y energías limpias, dejando atrás estrategias más restrictivas que limitaban determinadas inversiones. Se trata de una adaptación a la realidad del mercado y a la necesidad de garantizar seguridad y retorno económico.
Al mismo tiempo, sectores como la inteligencia artificial están ganando protagonismo en las carteras de inversión. El avance tecnológico y las oportunidades de negocio asociadas están desplazando el foco hacia áreas con mayor potencial de crecimiento, en detrimento de otros criterios que habían sido prioritarios en años anteriores.
Las palabras de Fink tienen un peso especial dentro del sistema financiero global. Al frente de la mayor gestora de activos del mundo, con billones de dólares bajo gestión, cualquier cambio de rumbo en BlackRock tiende a marcar tendencia y a ser replicado por otras instituciones.
En la práctica, este movimiento señala el inicio de una nueva etapa en el capitalismo contemporáneo. Un escenario en el que las empresas parecen abandonar progresivamente el énfasis ideológico para recuperar un enfoque más clásico, donde el rendimiento económico vuelve a ocupar el lugar central.
Este cambio de paradigma sugiere que el ciclo anterior, marcado por la expansión de la agenda «woke» en el ámbito corporativo, está dando paso a una fase distinta, en la que el criterio dominante vuelve a ser la creación de valor tangible.


