El aire acondicionado del cuarto piso del Palacio presidencial del Planalto nunca parece suficiente cuando la política brasileña entra en ebullición. La última reunión ministerial del martes pasado, que en los manuales debía servir como una elegante despedida del presidente Luiz Inacio Lula da Silva a los 14 ministros que dejaban sus cargos para sumergirse en la campaña electoral de octubre, se transformó en una sesión de reproches cruzados.
Lula no oculta su fastidio ante un escenario imprevisto hasta hace poco tiempo atrás. A seis meses de los comicios presidenciales, la catarsis presidencial tiene un motor muy concreto: el nerviosismo que respira el oficialismo ante la última tanda de sondeos. Lo que semanas atrás se trataba como una anomalía estadística, hoy es una tendencia que quema los manuales del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula.
Según un sondeo del instituto Paraná Pesquisas publicado a principios de la última semana, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), el senador Flavio Bolsonaro, no solo ha consolidado su base electoral, sino que ya aventaja a Lula en una eventual segunda vuelta presidencial: 45,2% frente a un 44,1%.
Es un empate técnico, también reportado por otras consultoras, que pone al hijo del exmandatario como un contendiente cada vez más competitivo y capaz de capturar el desgaste del presidente brasileño, quien disputará este año su séptima elección presidencial, desde aquella primera en 1989.
Para Creomar de Souza, fundador de la consultora Dharma Politics en Brasilia, la situación para el gobierno es mucho más compleja de lo que cualquier predictor de escenarios podría haber identificado. De Souza define el momento actual como una “convergencia” de factores negativos.
“Estamos ante lo que puede llamarse una tormenta perfecta”, explica el analista. Según su diagnóstico, el gobierno ha dejado de lidiar con crisis específicas para enfrentarse a un cambio de naturaleza en su gestión: el Planalto ha perdido la capacidad de ser proactivo y se ha vuelto un actor meramente reactivo ante las variables de riesgo.
Este pasaje de la iniciativa a la reacción quedó expuesto en el “pase de facturas” en la que se convirtió la reunión de gabinete de esta semana. El jefe de la Casa Civil, Rui Costa, apuntó sus cañones directamente contra el ministro de la Secretaría de Comunicación Social, Sidônio Palmeira, reprochándole que la ciudadanía desconoce las “conquistas” del gobierno brasileño.
“Mi duda, Sidônio, es si el pueblo sabe de eso”, disparó Costa, según reportes de la prensa brasileña, visiblemente alarmado por datos que indican que más del 40% de los electores se informa exclusivamente a través de grupos de WhatsApp.


