Todo comenzó con la extracción del capo mayor y la primera delincuente el 3 de enero. Se puso término a 27 años de ignominia y dura dictadura ejercida, con maldad, en contra de un pueblo de sustrato democrático. Esto justifica, en un primer momento, la tutela de Estados Unidos, que decidió dejar a cargo del poder a la misma estructura criminal, ahora descabezada, para evitar así el caos, mientras se adelantan acciones para el desmantelamiento de la dictadura.
Le ha correspondido al régimen interino convertirse, ipso facto, en un suspiro, en un vasallo, lacayo y arrodillado del imperio que un minuto antes denigraba. “Sancho, cosas veredes”. Se fue Alí Babá, pero quedaron los 40 ladrones, opina el pueblo. No están pagando por lo que han hecho.
Inadmisible: a más de 3 meses todavía se mantienen en las mazmorras 500 presos políticos, los ilegítimos interinos se inventaron con su asamblea un adefesio de Ley de Amnistía, para no soltar a los presos políticos y blanquearse ellos, los verdaderos criminales.
El pueblo democrático venezolano observa, estupefacto, el despropósito de tamaña artimaña y no entiende la paciencia del tutor ante la vil injusticia e incumplimiento de la promesa de liberación inmediata. No tiene nombre el sufrimiento innecesario y sádico de los inocentes y sus familias, en un país en que sus instituciones fueron destruidas y, en particular, la justicia se trastocó y fue convertida en el jardín de los Flores, con terrorismo de Estado sumado.
La encuestadora Meganálisis, la más seria y profesional del país, arroja estos datos. Si las elecciones fueran hoy: María Corina Machado 81,2%; Delcy Rodríguez 4,5% y Enrique Márquez 0,9%. Las palabras sobran.
El país reclama el saneamiento político, entender los deseos de las mayorías, reconocer lo que sienten, hablarles a ellas y resolver sus ingentes problemas, en lugar de dejar transcurrir tiempo valioso mientras los interinos borran las trazas de sus delitos.
Estamos ante un Estado fallido que lleva más de 27 años de irrespeto a los derechos humanos y de negación de la dignidad humana; una claque que se enriqueció obscenamente al alimón de empobrecer a todo un pueblo.
Esta gente salió de las tinieblas, de la oscuridad más negra, deformados por el odio, clasificando entre amigos y enemigos del mal que ellos representan. Esa minoría irredenta y podrida no puede estar al frente de la sociedad.
El reencuentro se dará entre los venezolanos de bien y jamás con los torturadores, quienes han infligido el más duro sufrimiento a la familia venezolana. No tienen remedio. El statu quo se agotó.
De una cosa estamos seguros: Venezuela va a prosperar cuando tenga una democracia estable, con justicia sin venganza, poderes independientes y garantías para todos.
El objetivo nunca será el fortalecimiento de una dictadura comunista, su potabilización o maquillaje superficial, estamos hartos de convivir con gente que respira crímenes y violencia y mantiene la sociedad en la zozobra.
Los hermanitos Gatopardo se lanzan a la caza para salvarse y consolidarse. Ellos son la misma esencia de lo que había antes, son sus cómplices y, a veces, hasta los ejecutores principales, presentes en la cadena de mando. Los venezolanos nobles son buenos, pero no pendejos.
La recuperación de Venezuela será con un gobierno democrático y estable elegido por la soberanía popular; con leyes y tribunales, con legitimidad y autoridades competentes con proyección de obras a largo plazo. Con el Estado de derecho vendrán las inversiones.
La transición se irá configurando cuando se comiencen a nombrar a ciudadanos con méritos para los altos cargos de Estado; la espuria asamblea acaba de designar a dos factores del chavismo en los cargos de fiscal y defensor del pueblo. Era la oportunidad de oro de concretar pasos efectivos en la ruta de la transición democrática, de pasar de A a B. Nada que ver. No hay avances, sino la misma trampa de siempre y el intento de ir ganando tiempo.
Estamos ante un cambio de época. No podemos convertirnos en indiferentes ante el mal, en un mundo apático a la violencia cuando no le afecta directamente. Marchan displicentes hacia el abismo de la inhumanidad y el fin de la civilización.
¡Libertad plena para los presos políticos!


