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María Corina: te esperamos en Maiquetía, por Ana Julia Jatar

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Los venezolanos estamos en la incertidumbre máxima. Después del 3 de enero no sabemos que hacer ni que decir ni a quien creer ni a quien seguir para llegar a la anhelada libertad que se nos ha escapado de las manos en decenas de intentos durante 27 años. Y es que la incertidumbre, esa que te paraliza en la guerra, se llama “la Niebla de la Guerra”. Y si, no es culpa nuestra  no entender, seguimos en esa niebla, porque seguimos en guerra. En un caos informativo donde no sabemos si tenemos que creer en Trump, Delcy o Marco Rubio…

Salgamos de esa “Niebla de la Guerra” con la imagen prístina de una María Corina Machado bajando de un avión en Maiquetía rodeada por lideres exiliados y con una agenda electoral en el brazo, bajo el manto protector del pueblo venezolano y los guardaespaldas que se merece el futuro de Venezuela.

Hay momentos en la historia en los cuales un país se detiene a reconocerse en una imagen. Venezuela está ahí. Y esa imagen, hoy, es Maiquetía. No hablo de un aeropuerto. Hablo del umbral donde un país roto puede empezar a recomponerse. Donde los que se fueron y los que resistieron pueden, por fin, mirarse de frente, abrazarse y decirse: sobrevivimos. Yo, les confieso que quiero abrazar a mi hermano, mi hermana, mis sobrinos, mis amigos y también a María Corina ahí, en Maiquetía.

Maiquetía es el símbolo de los abrazos apretados que duran más de lo que el tiempo permite. De las maletas cargadas no solo de ropa y de arepas sino de vida suspendida. De las despedidas sin fecha de regreso. Allí, entre pasillos y puertas de embarque, la obra tricolor de Carlos Cruz-Diez donde tenemos tantas fotos, parece recordarnos que Venezuela, incluso en la despedida, sigue cambiando, resistiendo en su tricolor, como su arte, el país no se detiene: se transforma.

Pero no todos se fueron con un boleto de avión en la mano. Millones de Venezolanos decidieron sin querer, dejar la patria a pie, los conocidos “caminantes venezolanos”. Cruzaron la frontera por Cúcuta, con el miedo y el hambre en las alforjas. Atravesaron hacia el norte por la selva del Tapón del Darién y hacia el sur hasta llegar al Desierto de Arica desafiando lo impensable y pagando con hambre, con frío y con xenofobia. Conozco a muchos… esos venezolanos también están en Maiquetía, no en las fotos de partida, sino en la memoria viva de un país que sabe y les reconoce el dolor de lo que les costó dejar su tierra, nuestra tierra y que quieren regresar.

 Cuando María Corina regrese, podrán regresar por la puerta grande, la de Maiquetía. No como quien vuelve derrotado, escondido o de nuevo a la clandestinidad, sino como debe ser, digno y con la cabeza en alto luego de haber resistido el exilio y con muchas lecciones aprendidas en la diáspora para construir un país mejor.

Venezuela no se parece a nada. No hay manual para reconstruir un país que ha sufrido así. Por eso, cuando María Corina ha dicho que la transición será “a la venezolana”, está diciendo algo profundamente importante: que no será una transición de revancha ni de copiar desencuentros ajenos, sino de reencuentro a la venezolana. Eso si, con justicia.

María Corina: te esperamos en Maiquetía. Te esperamos con los que se quedaron y con los que se fueron. Con los que lograron aeropuertos y con los que cruzaron selvas y desiertos. Con los que sufren y con los que resisten. Con los que creen y con los que dudan. Te esperamos para empezar juntos el país que nos merecemos y el cual con tu liderazgo lo vamos a lograr. Déjanos saber la fecha cuando lo consideres prudente y ahí estaremos, en Maiquetía.

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