La llegada de María Corina Machado a España era una oportunidad valiosa para que el Gobierno rectificara su posición y visibilizara de forma clara su compromiso con un futuro netamente democrático para Venezuela. Sin embargo, Pedro Sánchez no sólo ha optado por persistir en su alineamiento con el bloque de la izquierda latinoamericana que siempre se ha mostrado comprensivo con el régimen, sino que ha decidido convertir a España en el escaparate de la fractura política que recorre la región.
La líder opositora a Nicolás Maduro está protagonizando una gira internacional que ella misma plantea como antesala a su esperado regreso a Caracas. Tras ser recibida por Emmanuel Macron y Giorgia Meloni, en Madrid pretende renovar el vínculo emocional con la nutrida diáspora, que en todos estos años no ha descansado en su denuncia del chavismo y en su papel como sostén moral de la oposición. Machado se reunirá además con dirigentes de la derecha política como Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y Santiago Abascal, pero con nadie del Gobierno. La distancia entre Sánchez y quien hoy encarna las aspiraciones democráticas de Venezuela se hace así inocultable.
Es cierto que la falta de sintonía política es recíproca. La propia Machado no se ha mostrado proclive a citarse con el Gobierno, lo que ha permitido a la Moncloa señalarla como responsable de esta anomalía. Con todo, la desconfianza de la líder opositora es comprensible, teniendo en cuenta la oscura cercanía del PSOE con Delcy Rodríguez, así como el precedente de Juan Guaidó, cuya recepción oficial fue cancelada por la Moncloa en el último momento.
La apuesta del Gobierno es otra y se verá hoy y mañana en Barcelona, en la Global Progressive Mobilisation. En este foro organizado por el PSOE, y que contará con la elocuente participación de José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente se verá acompañado por el brasileño Lula da Silva (país al que equipara con nuestros vecinos al organizar una cumbre bilateral), el colombiano Gustavo Petro y la mexicana Claudia Sheinbaum. El mensaje político es el de una alianza ideológica más enfocada hacia el llamado Sur Global que hacia la centralidad y los valores clásicos de la socialdemocracia europea.
Por su histórica influencia en la región, España está obligada a presionar a un chavismo reciclado que sobrevive a la extracción de Maduro a base de retoques insuficientes bajo la tutela de EEUU. No es esto lo que está sucediendo. Mientras, en Madrid, Machado representará la apuesta por la reinstitucionalización tras años de deriva autoritaria, el Gobierno se retratará en Barcelona junto a quienes, por afinidad ideológica, han apostado por apaciguar a los autócratas que han arrasado Venezuela.


