La caída de Nicolás Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez marcaron un punto de inflexión en Latinoamérica: Venezuela inició un proceso acelerado de reinserción regional, con nuevos acuerdos de seguridad, energía y comercio, y con Estados Unidos como actor central en su reconfiguración.
En pocos meses, Caracas pasó de estar aislada diplomáticamente a convertirse nuevamente en un socio estratégico para los países de la región, en medio de un rediseño del mapa político latinoamericano.
El aval de Estados Unidos y el fin del aislamiento
Uno de los elementos más determinantes de este giro fue el cambio de postura de Estados Unidos. No solo reconoció a Rodríguez como autoridad legítima, sino que además levantó sanciones clave contra su figura y el Banco Central de Venezuela, reabrió canales diplomáticos y habilitó el regreso de inversiones, especialmente en energía a través de Chevron.
El Departamento del Tesoro eliminó a la mandataria de la lista de sancionados, lo que le permite operar financieramente y consolidar relaciones internacionales con Washington y otros países de la región.
Este movimiento no fue menor, sino que marcó el inicio de una nueva etapa de cooperación económica y política entre ambos Estados tras años de enfrentamiento.
Además, Washington busca reinsertar a Venezuela en el mercado energético global, al facilitar la llegada de empresas y capitales al sector petrolero, uno de los más importantes del país.
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