Margaret Thatcher se convirtió hace 47 años en la primera mujer en la historia en asumir el cargo de Primera Ministra del Reino Unido, tras la contundente victoria del Partido Conservador en las elecciones generales celebradas el 3 de mayo.
Thatcher, de 53 años y líder de los tories desde 1975, sucederá al laborista James Callaghan, cuyo gobierno terminó debilitado por la crisis económica, la alta inflación y los graves conflictos sindicales conocidos como el “Winter of Discontent” (Invierno del Descontento).
Con una mayoría parlamentaria de más de 40 escaños, los conservadores lograron 339 bancas en la Cámara de los Comunes, frente a 269 de los laboristas. El resultado representa un claro giro político hacia la derecha en el Reino Unido.
En su primera declaración como jefa de Gobierno frente al número 10 de Downing Street, Thatcher citó las palabras de san Francisco de Asís:
“Donde hay discordia, que traigamos armonía; donde hay error, que traigamos verdad; donde hay duda, que traigamos fe; donde hay desesperación, que traigamos esperanza”.
“Ahora comienza una nueva era”, afirmó. “No prometo milagros, pero sí prometo un gobierno firme y decidido que devuelva la grandeza a Gran Bretaña”.
Perfil de la “Dama de Hierro”
Nacida en 1925 en Grantham, hija de un tendero y metodista, Thatcher estudió Química en Oxford y posteriormente Derecho.
Elegida diputada por Finchley en 1959, ascendió rápidamente en las filas conservadoras hasta convertirse en la primera mujer en liderar un gran partido político británico.
Sus propuestas económicas, inspiradas en el liberalismo clásico y en las ideas de Friedrich Hayek y Milton Friedman, incluyen la reducción del gasto público, el control de la inflación, la limitación del poder de los sindicatos y un ambicioso programa de privatizaciones.Su victoria marca el fin de la era del consenso de posguerra y el comienzo de lo que ya se conoce como “thatcherismo”.
Desde Washington, el presidente Jimmy Carter felicitó a la nueva primera ministra, mientras que en Moscú la prensa soviética la ha calificado ya como “la Dama de Hierro”, un apodo que Thatcher ha aceptado con orgullo.
En el resto de Europa, su elección es vista con una mezcla de curiosidad y cautela, especialmente por su conocida postura euroescéptica.


