El «rodriguismo» es un híbrido monstruoso de tres cabezas. Emergió redivivo de las propias entrañas de un sistema criminal que sigue haciendo de las suyas, pero con otro formato. La perfidia, pujas y purgas, son ajustes de cuenta dentro del sistema, entre viejos capos venidos a menos y viejos capos reciclados de esa mafia que continua actuando impunemente, hoy bajo el circunstancial amparo de un tutor enfocado, de momento, en petróleo y minería.
Basta enunciar algunas de sus acciones y omisiones para entender que los objetivos de esa maligna estructura, son los de alterar la dinámica del cotarro político y así producir mayor desazón, ruido, dolor y desesperanza a los venezolanos. Este marco operacional del sistema, hoy matizado por las contorsiones del “rodriguismo”, lo registramos como la matriz del mal que sigue generando caos y devastación en el país desde aquella trágica autoflagelación colectiva de 1998.
El cambio de pelaje de los zorros del triunvirato, que hoy reniega del chavomadurismo, y su salida del closet como ‘pitiyanquis’ de nueva generación, explican su genuflexión y refuerzan la tesis de la traición a sus mentores, De la peor manera, cobró vida la patada histórica a Chávez y Maduro. Transversalmente, aguas muy abajo, perviven radicales que no les perdonan tamaña felonía. Poco les ha importado entregarse con armas y bagaje al propio verdugo del 3E, por el afán de mantenerse impunes en el poder, abrigando mejores tiempos para traicionar a ese nuevo mentor a partir de noviembre.
Hoy el triunvirato es la nomenklatura que dirige a un sistema que ha envilecido las instituciones públicas y sigue criminalizando, apresando y reprimiendo a inocentes inculpados por sus opiniones, pero no entrega a los «extraditables». Con el nuevo formato, aprueban ineficaces leyes a la carta para el gusto de los inversionistas del «odiado imperio», e igualmente aplican y desaplican una ignominiosa Ley de Amnistía de dudosa eficacia y vigencia. Mas de 500 presos políticos, civiles y militares lo demuestran.
Odian y temen a María Corina, pero ansían parecerse a ella. Quieren hacerse de su discurso sobre el regreso de la diáspora, sus símbolos y tarjeta; de los colores pasteles que sustituyen al disfraz rojo rojito y los rosarios que pretenden ocultar ritos de santería y a paleros satánicos. Sin desparpajo, desaparecen a los ojitos de Chávez. Son burdos intentos de cambio que difícilmente pasarán desapercibidos por un pueblo que los detesta.
Este es un sistema que recicla a sus alfiles en el poder público. Se redefine con imposturas y pretensiones de engaño al gran aliado de ocasión. Las designaciones, en esos cotos, develan la farsa: sirven a los intereses del mismo sistema que hoy manejan. Lo del TSJ es aberrante. Por ilegítimos e ineficaces, nunca trascenderán en democracia. Todas estas señales, demuestran que rige el mismo sistema que destruyó al Estado de derecho y le vendió el alma al diablo de la corrupción, lavado y narcoterrorismo. No en balde, los estrechos vínculos que aún subsisten con los peores carteles, la guerrilla, Rusia y China. Apuestan a Irán y a Cuba en sus trances.
Los integrantes del triunvirato, con semejantes antecedentes, piden perdón y pretenden en vano ocultar un largo pasado plagado de inexcusables ejecutorias, pero en paralelo manipulan para convertirse en los únicos actores electorales y futuros factores políticos; por eso, obstruyen la fluidez del mantra que de la mano de MCM, nos conducirá a un sistema democrático que sustituirá para siempre a este sistema criminal.
Por razones de «tempo», nos preguntamos: ¿Hasta cuándo seguirá la alianza que sirve de sostén a este infame sistema y al triunvirato del horror? Oigan al senador Scott. Venezuela, todavía oprimida, necesita apoyo para una verdadera liberación que el presidente Trump no puede ignorar. Nos liberó de Maduro y estamos agradecidos, pero no del sistema y del triunvirato.
Tiene la palabra, Mr. Barrett.
Víctor A. Bolívar
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