Por supuesto que bien recibidas son las declaraciones del presidente Trump en las que asegura que va a liberar a todos los presos políticos en Venezuela, pero una vez más observamos que sus esfuerzos en el ámbito político no se dirigen a resolver oportunamentelo medular de nuestro problema. Tampoco apunta a ese núcleo, su tremendista especulación sobre nuestra integración a la federación norteamericana. Ambos aspectos solo evidencian su motivación de reponerse como referente imprescindible en todo campo y así procurarse réditos suficientes para noviembre próximo, cuando entran en juego, con gran impacto geopolítico, Irán y Cuba.
Sobre su pretensión de darle vida a la ficción de una improbable incorporación de Venezuela a Estados Unidos, subyace un metamensaje dilemático que se difumina al no poder sostener una polarización que pudiera favorecerlo en el electorado latino. Las encuestas más recientes en Estados Unidos arrojan números preocupantes en los niveles de aprobación. Por añadidura, su imagen queda más expuesta y condicionada al precio de un galón de gasolina. Todo esto afectaría los resultados electorales de los aspirantes republicanos, comenzando por nuestros grandes aliados, los llamados crazy cubans.
En Venezuela, los informes del embajador Barret seguramente dan cuenta de la merma de ese capital político y en cómo esto incide en el juicio de los grandes inversores petroleros. En la propuesta de la liberación total de presos políticos, vale señalar que el problema no es la flecha sino el indio que la dispara. Los presos políticos no han sido generados por combustión espontánea. Lo son en tanto y en cuanto fueron encarcelados por la misma nomenclatura de un régimen abjurante, hoy apoyada por la administración estadounidense. Siguen gobernando con gran crueldad y perfidia a una Venezuela que jamás sufrió tanta saña. Aún no salimos del estupor del caso Quero; fue tan abominable que produjo el fallecimiento de su madre a quien honramos desde aquí. En este contexto, alaba y respalda, el presidente Trump, a los mismos responsables de la persecución, represión y detención de gran parte de quienes demandaron el reconocimiento de la gesta electoral del 28J. De allí que los niveles de popularidad del “delcinismo” estén en el foso y sean un peso muerto que corroe aquella buena imagen que Trump y los suyos se forjaron el 3E.
No basta que el “delcinismo” entregue a cómplices que no sean factores políticos; se cuidan de ello porque en ese campo los perseguirá de por vida una justiciera maldición. Vale preguntarse: cómo, cuándo, dónde y por quiénes serán traicionados los que hoy gobiernan de facto. Es cuestión de tiempo. Queda claro que el verdadero interés que los mueve de hundir a los encausados Maduro Flores no es el de beneficiar a los Estados Unidos, es el de ganar tiempo para consolidar el poder y pretender traicionar a Trump, apostando a su derrota en noviembre.
Este propósito desdibuja al propio mantra y explica el retraso de su secuencia. Hasta ahora, luego de los memorables minutos que bastaron para llevarse a los Maduro Flores, es poco lo que puede exhibirse como avances en el ámbito político. Antes, por el contrario, vemos un mayor posicionamiento político de un régimen que no dudaría en manipular de nuevo unas elecciones con las mismas instituciones, hoy repotenciadas. El país percibe que se consolidan en el poder con el visto bueno -por omisión- de Estados Unidos.
De manera que lo que procede es impulsar un cambio político que tenga por fines, entre otros, que se lleven a juicio a los factores políticos del régimen, responsables de crímenes de lesa humanidad, y que la mayoría opositora deje de ser una convidada de piedra y se tenga como interlocutora válida para un verdadero avance en una transición que fije fechas de regreso de MCM al país y de las elecciones con suficiente antelación a noviembre.
Con seguridad, la imagen del presidente Trump retomaría sus altos niveles de popularidad que le ayudarían a obtener con contundencia un triunfo en las elecciones de medio término y tener a Venezuela en la región como un gran aliado fortalecido y legitimado.
Víctor A. Bolívar
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