Camilla Fabri se convirtió en la jefa de la familia cuando apenas tenía 25 años: el sueño de la joven modelo que quería «hacer mil cosas a la vez», como dijo en sus redes sociales, no se le cumplió del todo pero al menos logró tener dos testaferros- sus tías, Patricia y Arianna Fiore, a quienes enviaba a comprar ropa carísima a las tiendas de Louis Vuitton y Dior para que parecieran señoras millonarias-, un apartamento de lujo en la mejor zona de Roma y la posibilidad de huir a Dubai si la justicia italiana se entrometía en los negocios de su esposo. El apartamento, de 4,8 millones de euros, ubicado en una de las zonas más caras de Roma, fue adquirido a través de una empresa con sede en Londres a nombre de Camilla.
Allí la policía encontró no solamente una valiosa colección de obras de arte sino certificados de 120 kilos de oro depositados en un banco suizo, así como pruebas de que buena parte del patrimonio familiar se encontraba a resguardo en Rusia, donde Camilla Fabri vivió un tiempo con sus dos hijos antes de huir a Venezuela.
Entre las mil cosas que quería hacer a la vez, a Camilla también le correspondió pagarle rigurosamente 10 mil dólares mensuales a cada tía – las que vestía con ropa de lujo para que lucieran adineradas- con el fin de que «firmaran cosas y abrieran cuentas en los bancos», como le contó ella a su mamá por teléfono cuando no sabía que la policía las estaban grabando. Conversación donde también se le oyó decir que regañaba a su cuñado, Lorenzo Antonelli, ya que no sabía comportarse como era debido «porque esto no es un juego», como le advirtió, ordenandole que debería lucir seguro y no sonreír a nadie para llevar poder a cabo eficientemente la operación de blanqueo de capitales y transferencia fraudulenta de los activos que conducía desde su lujoso apartamento en la Via Condotti.
Encargada de reclutar a familiares y amigos para distribuir «tareas» ilegales con miras a blanquear dinero y distribuirlo en bancos de varios países, los abogados de la exmodelo romana llegaron a un acuerdo en el juicio realizado en Roma a finales de octubre del año pasado, donde ella y su esposo fueron acusados por lavado de dinero. Y si bien tanto ella como Alex Saab se declararon culpables ante la justicia italiana, la pena para Alex Saab fue menor (aceptó una pena de prisión de un año y dos meses), mientras que la pena para Camilla Fabri fue prisión por un año y siete meses, cinco meses más que su esposo, lo que permite inferir la «calidad» del trabajo que llevó a cabo quien llegó a ser viceministro de Comunicaciones Internacional en el gobierno de Nicolás Maduro mientras Alex Saab la acompañaba en el gabinete con el cargo de ministro de Industria, toda una ironía.
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