El lanzamiento del Ferrari Luce, el primer eléctrico puro de la marca italiana, ha desatado una ola de críticas por su diseño controvertido. Pero detrás de las burlas en redes sobre su aspecto “bulboso” y poco ferrarista, una hipótesis gana fuerza entre analistas y puristas: Ferrari habría creado un modelo eléctrico poco atractivo a propósito para cumplir con las estrictas normas de emisiones de la Unión Europea con el mínimo esfuerzo comercial posible.
Según el Reglamento (UE) 2019/631 y sus actualizaciones, los fabricantes deben alcanzar un promedio de emisiones de CO₂ de su flota cada vez más bajo: alrededor de 93,6 g/km para 2025-2027 y el objetivo de cero emisiones al escape en 2035. Quien supere el límite paga multas de 95 euros por cada gramo de exceso por vehículo vendido, lo que puede ascender a decenas o cientos de millones de euros.
Ferrari, como fabricante de bajo volumen (Small Volume Manufacturer o SVM, con menos de 10.000 unidades registradas al año en la UE), disfruta de ciertas derogaciones y objetivos adaptados. Aun así, sus superdeportivos de combustión emiten cifras muy altas (fácilmente por encima de 250-300 g/km). Incluir en la flota un vehículo de cero emisiones como el Luce permite “bajar el promedio” sin necesidad de electrificar toda la gama ni comprometer el grueso de su negocio.
Un EV “para marcar la casilla”
Críticos argumentan que el Luce —un liftback de 5 puertas con más de 1.000 CV, precio superior a los 600.000 dólares y un diseño que ha sido calificado de “frío”, “genérico” o directamente “feo” por muchos ferraristi— no busca conquistar el corazón de los clientes tradicionales de Ferrari, sino simplemente sumar unidades de cero emisiones al cálculo de la flota.
No se trataría de un producto pensado para vender miles de unidades, sino de un “ticking the box” (marcar la casilla) regulatorio: producir el mínimo necesario de EVs para compensar las emisiones de los icónicos V8 y V12 y evitar multas millonarias, manteniendo al mismo tiempo la exclusividad y los altos márgenes de los modelos de combustión e híbridos.
Ferrari ha moderado públicamente sus objetivos de electrificación (reduciéndolos en algunos anuncios) y apuesta por una estrategia multienergética que incluye híbridos, combustión y e-fuels. El Luce encajaría como la herramienta mínima indispensable para navegar la regulación europea hasta 2035, año en que las derogaciones SVM podrían endurecerse.
Reacciones divididas
Desde Maranello defienden el Luce como un avance tecnológico que mantiene el ADN Ferrari en prestaciones y experiencia de conducción. Sin embargo, en foros, redes y medios especializados abundan las voces que ven en él un compromiso regulatorio más que una declaración de intenciones.
“Es más fácil vender unos pocos Luce caros y polémicos que transformar toda la marca”, resume un analista del sector que prefiere el anonimato. Mientras, la Comisión Europea mantiene la presión con objetivos de descarbonización, aunque ha introducido flexibilidad (promedios trianuales y otras medidas) ante la ralentización de la demanda de eléctricos.
¿Es el Luce un mal necesario para que Ferrari siga siendo Ferrari? ¿O un síntoma de que incluso las marcas más exclusivas deben doblegarse ante Bruselas? La respuesta llegará con las cifras reales de ventas y el impacto en el promedio de emisiones de la flota en los próximos años.


